Rumbo al Sínodo 2026: “Caminar en esperanza, con alegría y paz en la fe”.

Integrantes de Mesa Valdense compartieron reflexiones en torno al lema elegido para este año: “Caminar en esperanza, con alegría y paz en la fe”. Marcelo Nicolau, Marta Garnier, Darío Barolin y Darío Dalmas profundizaron acerca de los desafíos que interpelan a la Iglesia hoy y destacaron algunos ejes prioritarios para el trabajo sinodal.

Un lema que nos trae al presente

Marcelo explicó que el lema surge, como cada año, de un proceso de intercambio y búsqueda compartida, ya que “surgió igual que todos los años luego de un largo proceso de intercambio de ideas, de propuestas, de combinación de propuestas, distintos temas, distintos aspectos bíblicos también, distintas ideas fuerza, hasta que se arriba a un consenso que nos parece adecuado a lo que es el año que se ha vivido y los desafíos que vienen por delante.”

En ese camino, la esperanza apareció como un eje central, inseparable de la alegría y la paz: “Caminar en esperanza tiene sentido justamente cuando lo podemos hacer con alegría y paz. Y dadas las circunstancias y el contexto que vivimos, nos pareció realmente un lema que podía ser significativo, y a medida que pasa el tiempo pareciera que fuera más significativo todavía.”

Caminar y moverse

La imagen del camino remite al movimiento y al dinamismo, dimensiones que la Mesa considera esenciales para la vida de la Iglesia: “Está la idea del movimiento, que es clave. Si nos quedamos quietos y quietas vamos perdiendo fuerza, dinamismo… El movimiento es vida y nos remite a los orígenes del cristianismo, cuando a los primeros cristianos se los llamaba ‘los del camino’”, expresó Marcelo.

Aunque también esta imagen nos interpela de manera concreta: “¿Qué tan en movimiento estamos? ¿Qué tanto estamos en el camino”, enfatizó.

Marta sumó otra dimensión del caminar, vinculada a la búsqueda y a la diversidad de experiencias comunitarias: “Caminar es ir encontrando. Cada comunidad va encontrando diferentes caminos, y todas las construcciones que se han ido haciendo, el dinamismo que se va probando, para mí también significa caminar. Estamos en la búsqueda y desafiándonos continuamente.”

En la búsqueda del compromiso comunitario

Para Darío B. el camino no es un lugar para mirar desde afuera, sino una invitación a involucrarse: “Nos invita a caminar, no a mirar cómo los otros caminan. Ese es un desafío: pasar de una membresía quieta, pasiva, espectadora, a recuperar la idea de lo colectivo y de la construcción comunitaria.”

En la misma línea, Darío D. señaló que “Tener un camino, que quizás no es el único, pero que nos invita a todos a caminar, con objetivos comunes, ayuda a que cada comunidad pueda ir trazando su propio recorrido.”

El lema no solo interpela a la Iglesia, sino también a la sociedad actual, porque “vivimos en una sociedad tensionada por situaciones que no son de paz ni de alegría, sino de desesperanza o desazón. En ese sentido el lema no solo desafía a la Iglesia, también desafía a la sociedad en la que vivimos”, aporta Marcelo. Y agrega que la paz aparece como una búsqueda concreta y “nos importa profundamente; por eso proponemos una noche el conversatorio Conversar para convivir: hacia una cultura de paz. No es casualidad, es una búsqueda coherente con lo que expresamos en el lema.”

Desafíos y ejes para el trabajo sinodal

Entre los temas prioritarios de cara al Sínodo, Darío B. mencionó la articulación entre Iglesia y diaconía: “La creación de la Fundación es un tema clave, pero también la articulación de lo diacónico con la Iglesia y de la Iglesia con la diaconía. La diaconía es parte indispensable de la Iglesia, aunque no lo es todo.” 

También subrayó que: “Otro de los grandes desafíos tiene que ver con la revalorización de lo teológico. Leer la realidad desde la fe es algo que está siendo cada vez más precario.”

Por su parte, Marcelo compartió una síntesis de cinco ejes que marcaron el trabajo del último año: “El apoyo al movimiento juvenil como eje de trabajo; el desarrollo del modelo de trabajo diacónico con la puesta en funcionamiento de la Secretaría Ejecutiva de Diaconía; la búsqueda de equilibrios y sustentabilidad presupuestal; el apoyo a las iglesias en la misión, para que no se queden solo en sobrevivir; y el fortalecimiento de la educación teológica ecuménica, con hitos como la puesta en funcionamiento de la Escuela de Ministerios Comunitarios.”

En este marco, la revalorización de la educación teológica aparece como una apuesta sostenida: “Entendemos que la educación teológica es más rica y desafiante cuando se hace en forma ecuménica.”

Un camino compartido hacia el Sínodo 2026

Las reflexiones de la Mesa Valdense invitan a vivir el tiempo previo al Sínodo 2026 como un proceso dinámico, participativo y comprometido, en el que caminar en esperanza, con alegría y paz, no sea solo un lema, sino una experiencia concreta en la vida de las comunidades y en su testimonio en la sociedad.

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Un comentario

  1. Tal cual,la vida es movimiento,la iglesia es movimiento y lo confirma en sus inicios la iglesia Valdenses como movimiento Valdenses…

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