MENSAJE DE NAVIDAD

«Porque les traigo una buena noticia, que será motivo de gran alegría para todos» Lucas 2:10

Año tras año nos encontramos con la celebración de la Navidad, un tiempo que, para nosotros-as como cristianos-as, nos invita a reconocer un momento previo: el Adviento, tiempo de preparación personal para recibir la Navidad, celebración del nacimiento de Jesús. Un tiempo que nos encuentra como humanidad en contextos diversos, muchos de ellos atravesados por situaciones de incertidumbre, injusticias y violencias extremas, que hacen que el dolor y la falta de amor desgarren corazones y priven libertades en el entramado de los pueblos.
Ahora bien, ¿hemos podido priorizar y tomarnos este tiempo de preparación para estar disponibles para recibir la “buena noticia”? En esta espera, ¿la sociedad acompaña esta esperanza o, por el contrario, nos hace perder de vista lo importante y esencial en la vorágine de la rutina?. A veces no
nos detenemos a pensar quiénes somos, a revisar nuestros gestos, vivencias y experiencias, y a descubrir qué necesitamos y qué estamos dispuestos-as a transformar para acercarnos en esta Navidad al pesebre con un corazón abierto…
La Navidad nos invita a desconectarnos de las presiones del mundo y regresar a lo esencial, a lo íntimo. La fragilidad y la humildad del nacimiento nos muestran que lo más importante en la vida no reside en las grandes conquistas, sino en los pequeños actos de amor, compasión y dedicación hacia los-as demás y hacia nosotros-as mismos-as.
En el espíritu de renovar la esperanza de este mensaje de paz, amor y salvación que viene desde lo Alto, ¿qué tal si, una vez más, nos dejamos sorprender por la “Gran Noticia”, motivo de profunda alegría para todo el mundo?

«¡Hoy les ha nacido un Salvador, que es Cristo el Señor!» Lucas 2:11

Marta Garnier, por Mesa Valdense.

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