A menos de un mes de la última Asamblea Sinodal, Mesa Valdense ya se reunió en dos oportunidades para comenzar el trabajo del año y, además, mantuvo una serie de entrevistas posteriores al cierre formal del Sínodo. Desde la Secretaría de Comunicaciones conversamos con el moderador, Marcelo Nicolau; la vicemoderadora, Marta Garnier; y el tesorero, Darío Dalmás, sobre diversos temas de interés.
El Sínodo volvió a elegir como moderador a Marcelo Nicolau y sugerir a Marta Garnier para ocupar el cargo de la vicemoderatura; mientras que, en la primera reunión presencial —desarrollada al finalizar la Asamblea Sinodal—, se distribuyeron el resto de los cargos de la siguiente manera: Darío Dalmás en tesorería, Darío Barolín en secretaría y Mariela Gonnet en el cargo de consejera.
Entendiendo que aún es tiempo de analizar y organizar los temas abordados en Asamblea, Marcelo destacó: “Las reuniones que hemos tenido fueron para resolver cuestiones urgentes y mantener entrevistas, además de dar cumplimiento a las cuestiones legales. Resta que en los próximos encuentros definamos los ejes prioritarios de trabajo, aunque el Sínodo nos dejó marcado un camino hacia dónde ir, y creemos que los temas principales tendrán que ver con la diaconía, tanto en el inicio de los trámites para obtener la nueva personería jurídica de la Fundación como también en fortalecer el proceso que comenzó formalmente el año pasado con el trabajo de la Secretaría Ejecutiva de la Diaconía Valdense (SEDiV). También abordaremos el tema de adolescentes y jóvenes, intentando imaginar, junto a otros y otras, la política de promoción juvenil o pastoral juvenil. Hay un acto que se refiere a esto último y un grupo encargado de eso, pero como Mesa Valdense vamos a acompañar. Por otro lado, tenemos un gran trabajo por delante respecto a la planificación financiera, a partir de cambios en las políticas de organismos que acompañan algunos de nuestros proyectos. Varias modificaciones ya se implementaron, pero el presupuesto de 2027 seguramente será bastante diferente al de este año.”
El trabajo de Mesa Valdense tuvo sus necesarias transformaciones a lo largo del tiempo, si bien cada equipo de trabajo pone su impronta, debe ocuparse de lo administrativo y también de los mandatos sinodales que año a año se definen asambleariamente. “Las vinculaciones ecuménicas, la vitalidad de las comunidades y la misión de la iglesia son temas que siempre están sobre la mesa. Entendemos que nuestro trabajo es intentar cumplir lo que el Sínodo resuelve y, por otro lado, promover la reflexión, la discusión y la toma de decisiones”, concluye el moderador.
En la misma línea, Marta agregó: “Los equipos pastorales también serán un tema para trabajar en el año; está muy ligado a la vitalidad de las comunidades. La Mesa Valdense viene haciendo un fuerte trabajo allí, intentando identificar por presbiterios las diversas necesidades, los perfiles necesarios y las personas disponibles para la tarea”, y enfatiza: “Es importante entender que es un proceso; sabemos que el trabajo en equipo es lo que nos va a fortalecer.”
Por otro lado, respecto a las finanzas, el tesorero de MV sostiene: “A partir de este Sínodo se logró afianzar el proceso de presupuesto participativo iniciado el año anterior. Desde la Mesa observamos una importante solidaridad entre las iglesias y entre los presbiterios. Tenemos que seguir monitoreando el compromiso y cumplimiento para lograr el equilibrio necesario.”
Como compartía Marcelo anteriormente, una de las tareas de Mesa Valdense es instar a la reflexión a las comunidades sobre temáticas específicas vinculadas a la vida de la iglesia. En ese sentido, señaló: “Este año, entre otras cosas, tendremos que promover la reflexión comunitaria sobre los ministerios particulares. Esto es clave para poder avanzar en el reconocimiento de los ministerios diversificados o Ministerios Particulares.”
Lazos con el área italiana y el ecumenismo
La Asamblea Sinodal 2026 contó, como es habitual, con la presencia de un representante del área italiana de la Iglesia Valdense y buena participación de invitados e invitadas fraternales, es decir, personas miembros de otras iglesias y organismos a nivel regional y mundial. Esto permitió que durante el Sínodo compartieran, en diversas conversaciones —incluidas las entrevistas mantenidas con la Mesa Valdense—, sus actuales líneas de acción, sus preocupaciones y desafíos.
En esta oportunidad, Davide Rostan participó en representación de la Tavola Valdese. Desde la MV indicaron que siempre es importante sostener y reforzar los lazos con el área italiana de la Iglesia Valdense, que a veces se materializa con la presencia anual de representantes en los Sínodos respectivos, y que desde el año pasado se ve fortalecida por dos reuniones virtuales anuales entre la Tavola y la Mesa Valdense. “Estas instancias son muy buenas porque nos permiten tener un vínculo más directo; plantear problemáticas e incluso elaborar y presentar proyectos en común. Algo impensado hace 10 años”, sostuvo Marcelo.
Además, respecto a los vínculos ecuménicos, compartió: “Creo que es necesario hacer una distinción entre el ecumenismo rioplatense y el global para identificar algunos desafíos concretos. Por ejemplo, tenemos una preocupación compartida sobre lo desdibujado que se encuentra hoy el ecumenismo regional, viendo las crisis de organismos que en otro momento de la historia tuvieron un fuerte protagonismo. El desafío conjunto será pensar estrategias para rescatar estos espacios que son sumamente importantes, reforzar la vida ecuménica de nuestras iglesias, sobre todo cuando tenemos centros diacónicos en común como el Centro Emmanuel, el SEDHU, CAREF, la JUM, etc.”, y continúa: “Respecto al ecumenismo más amplio, durante el Sínodo contamos con la presencia de David Girón, de Ministerios Globales; Jed Koball, de la Iglesia Presbiteriana de los Estados Unidos (PCUSA); Dennis Smith de la Sociedad Valdense Americana (AWS). Este tipo de encuentros nos permite ampliar la mirada hacia otras realidades que quizás no son las nuestras, pero que necesitan de un ecumenismo presente, de ahí las entrevistas que tuvimos durante esos días para planificar y diseñar estrategias que nos permitan acciones conjuntas.”
Desafíos que se profundizan en estos tiempos
Un aspecto importante de los lazos ecuménicos tiene que ver con la solidaridad ante las diversas situaciones de violencia que se están viviendo en el mundo y las formas en que se concretan estos gestos. En este sentido, Marcelo comparte: “En lo personal, siento que tenemos un debe: una falta de pronunciamientos del Sínodo sobre la vida social de nuestros países y del mundo. Nos está faltando esa mirada hacia afuera, quizás por centrarnos en cuestiones internas. No digo que no la tengamos; creo que simplemente nos falta tiempo material para poder elaborar una expresión, una carta pastoral o un gesto concreto de solidaridad con los pueblos que sufren” y continúa: “Al dejar este vacío, puede parecer que no tenemos nada para compartir, cuando en realidad tenemos mucho para aportar desde nuestras miradas y nuestro quehacer teológico. Incluso ya existen documentos —por ejemplo, sobre el tema de la eutanasia, de gran relevancia en Uruguay—. El desafío hacia adelante será que estos aportes no queden solo en iniciativas personales, sino que el Sínodo pueda asumirlos y compartir una palabra común, sabiendo que, cuando la Iglesia habla en comunidad, su voz adquiere otra dimensión.”
En este sentido, Marta profundiza: “Cuando decimos esto, estamos pensando en hacer aportes en relación con temas sociales desde una reflexión bíblico-teológica; es decir, ampliar la mirada sobre estas cuestiones a la luz del Evangelio. En lo personal, me preocupa mucho el individualismo reinante en nuestras sociedades y la fragilidad del diálogo. Muchas veces nos preguntamos si hacemos o decimos tal o cual cosa, porque la polarización y la falta de empatía juegan un papel importante y contraproducente para la reflexión. De cualquier manera, creo que tenemos que dejarlo en las manos de Dios y hacerlo: poner el tema sobre la mesa y conversar. Justamente la comunidad debería darnos la confianza necesaria para dialogar temas que en otros ámbitos no se pueden abordar, y hacerlo a la luz de la Palabra. El individualismo va en contra de la generación de comunidad, y ahí la iglesia tiene que posicionarse muy fuertemente.”
Uno de los desafíos que nos plantean estos nuevos tiempos de inmediatez y redes sociales es imaginar y planificar iniciativas creativas porque, tal como dice Marcelo: “A veces las declaraciones se interpretan desde una ideologización polarizada, se confunden o malinterpretan con política partidaria y eso genera mucho ruido, mucha controversia y hasta enojos que no construyen nada. Tenemos el llamado de Dios a denunciar proféticamente las injusticias, pero también de generar otros espacios de solidaridad que acompañen a quienes sufren, porque esos gestos solidarios a veces dicen mucho más y construyen mucho más que las palabras.”