Reflexiones desde el Sínodo en Italia: paz, justicia climática y el lugar de las juventudes

Marta Garnier, vicemoderadora de la Mesa Valdense, participó recientemente del Sínodo del área italiana de la Iglesia Valdense y compartió sus impresiones sobre la organización previa y los temas abordados. Encuentro especial marcado por la celebración de los 50 años del acuerdo de colaboración entre la Iglesia Valdense y la Iglesia Metodista en Italia, una experiencia que continúa proyectándose hacia el futuro. 

“Fue mi segunda experiencia en el encuentro sinodal pues ya había participado en el 2023; esto de alguna manera me permitió ver algunas cosas desde otra perspectiva”, inició Marta, y remarcó que una de las diferencias es que la Mesa Sinodal se elige en el Sínodo anterior, lo que permite dar continuidad y acompañar los procesos: “Me parece importante esa elección anticipada, porque quienes son elegidos ya llegan con información de los temas y del seguimiento del proceso”, señaló. El sínodo italiano se caracteriza por una estructura muy marcada y respetada; y aunque, por decisión del Sínodo anterior se intentó reducir su duración en un día, fue necesario extender las sesiones para poder desarrollar todos los temas; “Esto es reflejo de que la revisión a partir de las prácticas concretas son necesarias, aún cuando tenemos estructuras históricas”, comentó Marta.

Algunos de principales ejes que se trabajaron tienen que ver con cuestiones comunitarias, sociales y políticas, por ejemplo, la creciente discriminación, especialmente a personas migrantes; la situación de hacinamiento y precariedad sanitaria de las cárceles, y también temáticas relacionadas a la violencia de género y familiar.

Además, el Sínodo realizó un gesto unánime de solidaridad y pedido de justicia frente al conflicto en Palestina, solicitando a la moderadora, Alessandra Trotta, que enviara una carta a la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, para que interviniera, en este contexto global que cada vez está más violento, con una fuerte apuesta al diálogo en el entendido de que como personas cristianas es necesario comprometernos -se puede leer la carta aquí-. Además se trabajaron propuestas concretas como la apertura de corredores humanitarios. En este sentido, Marta destacó: “No se trata de estar de un lado o del otro, sino de pedir por la paz y favorecer el diálogo; es justamente apostar al diálogo y pedir por la paz frente a tanto dolor y violencia”.

Por otro lado, también fue notorio el compromiso con la justicia climática. “En 2025 comienza un decenio ecuménico por la justicia climática promovido por el Consejo Mundial de Iglesias. El sínodo se adhirió a este compromiso, pensando proyectos y buenas prácticas para el cuidado de la casa común”, destacó en relación a la necesidad de asumir el cuidado de la creación. 

Infancias y juventudes

Como es costumbre de aquel lado del océano, de forma paralela al encuentro formal, se realizó el Sínodo de niños y niñas, quienes llevaron una petición muy clara y llamativa: conocer mejor las estructuras de la Iglesia y ser parte de la vida comunitaria.

“Esta experiencia nos llama a reflexionar sobre la participación de infancias y juventudes en la vida comunitaria, tenemos que buscar un punto de conjunción. Pensando en nuestra territorialidad y estructura, los consistorios y equipos pastorales son actores estratégicos para ensamblar a las juventudes en la vida de la Iglesia. No solo en comisiones de campamento, sino en espacios de responsabilidad y compromiso”, enfatizó Marta.

Un mensaje desde el Río de la Plata

En el plenario, Marta compartió una carta en nombre de la Mesa Valdense, que transmitió la voz y la esperanza de las comunidades de Argentina y Uruguay. El mensaje hizo memoria de la historia de más de 851 años de camino valdense: “Son muchas las historias que podemos traer hoy al presente: caminos arriesgados, inseguros, desafiantes, pero también llenos de la presencia viva de Dios, que abre nuevos senderos con oportunidades de vida nueva y bendiciones para todos y todas”.

La carta también compartió los procesos actuales de la Iglesia en el Río de la Plata, como la creación de la Secretaría Ejecutiva de Diaconía, la puesta en marcha de la Escuela de Ministerios Comunitarios (REET) y el trabajo con juventudes a través del proyecto Requinto.

Para culminar su aporte, compartió: “Hay miles de razones para desalentarnos y claudicar en nuestros proyectos y sueños, pero el texto de 1 Pedro 1:3 nos invita a recordar que la esperanza, junto con la fe y el amor, son los pilares que nos sostienen en nuestro caminar como cristianos. Esa esperanza viva no solo sostiene nuestro presente, sino que nos fortalece y nos proyecta hacia un futuro de cambios y transformaciones”.

Publicado en Noticias.