Culminó un nuevo concilio general de la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas (CMIR) desarrollado en Tailandia entre el 14 y 23 de octubre, bajo el lema “Perseverad en vuestro testimonio” inspirado en Hebreos 12:1.
La Secretaría de Comunicaciones realizó una entrevista a la y el delegado de la Iglesia Evangélica Valdense del Río de la Plata (IEVRP), Brisa Budareto y Federico Plenc, con el objetivo de compartir algo de todo lo que vivieron en la experiencia.

¿Qué fue lo más destacado de estos días de encuentro? ¿Cómo describirían la experiencia?
Brisa: Lo primero en lo que pienso cuando me preguntan por las dos semanas que estuvimos en Tailandia es en lo diverso que fue el encuentro, más que nada por la cantidad de personas de distintas iglesias reformadas de todo el mundo, los idiomas y lenguajes en que hablan, hasta la diversidad de vestimentas que tenemos alrededor de nuestro planeta. También se notó el esfuerzo gigante de todas las personas que participaron en la organización del evento. El itinerario fue un poco frenético, sobre todo por seguir el ritmo en inglés, un idioma que no manejo fluidamente, pero igualmente fue muy disfrutable.
Sin dudas fue una de las experiencias más desafiantes de mi vida ya que nunca había hecho un viaje tan largo y lejos de casa, eso me daba un poco de miedo porque no sabía si iba a estar a la altura. Si bien estoy acostumbrada a las instancias de asamblea y me gustan, esta fue bastante diferente y más grande en todo sentido.
Además, tuve la oportunidad de visitar el Thoo Mweh Khee Learning Center (TMKLC), una escuela que da educación a niñas-os, adolescentes y jóvenes de siete estados de Myanmar debido a que no pueden inscribirse en el sistema educativo tailandés porque los-as desplazaron -o sus familias- de su país. Nos contaron sobre su inicio (2002) y como creció durante estos años hasta contar con tres mil estudiantes, desde la primaria hasta estudios universitarios, incluyendo algunos posgrados. Me quedaron resonando las palabras del director del programa de teología del centro: esta institución es un lugar de esperanza para la gente que la perdió al haber sido desplazada de sus hogares.
Federico: Viví la asamblea como una experiencia de encuentro en la diversidad, donde se conjuga la fe, los desafíos globales, las diferentes perspectivas culturales, los privilegios, la revisión y reconocimiento de injusticias históricas, la reivindicación y actualización de posturas como la confesión de Accra, el debate acalorado en torno a cuestiones donde se juega la vida, en la búsqueda de expresar una voz profética en medio de un mundo sufrido. Toda esta intensidad de vivencias fue atravesada por la pluralidad de lenguajes, de cuerpos y sus situaciones de vida, por lo celebrativo y las charlas en los momentos fraternales, por la comida picante y la hospitalidad de la iglesia de Cristo en Tailandia que recibió con mucho cariño está asamblea.
– ¿Cuáles fueron las reflexiones/resoluciones que más le resuenan?
Brisa: Me gustaría resaltar el documento que redactó el Caucus de jóvenes. Me pareció muy acertado -y duro- para la realidad que estamos viviendo. Allí hablan de algunas de las preocupaciones de la juventud reformada: el cansancio generalizado, lo rápido que nos obliga a avanzar este mundo y lo aislados-as que tenemos que estar, lo competitivos-as que tenemos que ser para tener éxito; además del impacto de las redes sociales que tienen tanto poder sobre nuestras vidas, el uso desmedido y malintencionado de la IA. El sentirse entumecidos-as al ver el genocidio en Gaza en tiempo real, los efectos catastróficos del cambio climático, el odio hacia las personas migrantes y refugiadas. Además, el documento plasma la importancia de hablar sobre la salud mental, en todos los ámbitos de nuestras iglesias y con todas las generaciones, ya que no es un problema de las y los jóvenes, sino un problema humano.
Les comparto el párrafo final del poderosísimo documento: «Estamos afligidos/as. Estamos sufriendo. Nos lamentamos. Sin embargo, nos aferramos a la esperanza en Dios. Dios tiene un sueño para el mundo y debemos perseverar. La justicia fluirá como las aguas. No podemos seguir así, no podemos perseverar en nuestro sufrimiento como si fuera normal, explotándonos constantemente entre nosotros/as y alejándonos de Dios. Tenemos un Dios bueno, pero no estamos viviendo bien. Rogamos que se liberen nuestras almas, que nos liberemos de esta perturbación y destrucción, que nos liberemos para poder tener visiones, para poder soñar, para poder ver a Dios en los y las demás y en nuestro hermoso mundo».
Federico: Hubo reflexiones y exposiciones realmente muy fuertes, referidas al desarrollo de la IA, ecología, conflictos armados e inversión en poder bélico, intervencionismo y colonialismo, el uso de la fe como arma del imperio, violencia sexista en las comunidades, reflexiones desde la situación de discapacidad, denuncia de la glorificación del cansancio en nuestras sociedades e iglesias y me quedarán muchas sin mencionar. Pero una discusión que me quedó grabada fue en torno al sionismo, sionismo cristiano y el sufrimiento por el genocidio y colonialismo en Palestina. Como es de esperarse el tema dió para mucho debate, posiciones encontradas de difícil consenso. En particular, me impactó una propuesta del Dr. Allan Boesak que luego fue en parte aprobada, quedando para estudio posterior la primera de sus propuestas. Aún así me gustaría compartirlas con ustedes.
Boesak concluyó la sesión ofreciendo tres propuestas:
– Que la CMIR reconozca y declare el sionismo cristiano como «fundamentalmente maligno, racista, una parodia del Evangelio y una herejía».
– Que la CMIR proclame que «la misión es disrupción», trabajando por el poder transformador de Dios a través de la justicia y la paz, y elevando las voces marginadas.
– Que la Comunión continúe su solidaridad con el pueblo palestino y otras personas que sufren en todo el mundo, apoyando los esfuerzos «para decir la verdad al poder».
¿Qué desafíos nos deja esta instancia a nivel de la IEVRP?
Brisa: Creo que el desafío más grande lo tenemos a nivel regional, como AIPRAL: trabajar nuestros lazos ecuménicos, sobre todo, para llegar a la próxima asamblea general teniendo más presencia desde Latinoamérica y el Caribe, tener más voces que puedan participar y dar su mirada frente a la CMIR.
Federico: Me parece que esta asamblea nos plantea algunos desafíos para perseverar como iglesia en nuestro testimonio público en varias aristas. Sería interesante seguir profundizando en la comprensión de lo disruptivo del Evangelio, construyendo ecuménicamente desde América Latina una voz profética frente a las injusticias locales y globales.
Por otro lado, la diversidad que se vivió estos días nos inspira a replicarla en nuestros espacios comunitarios para avanzar en su carácter participativo de apertura, revisando desde nuestros edificios y su accesibilidad, hasta las relaciones que cultivamos en cuanto a la diversidad de cuerpos, sexualidades, apellidos, billeteras, color de piel, género y generaciones, entre otras.
Por otro lado, en tiempos de serias dificultades en la región y el mundo, muchas personas migrantes llegan a nuestras ciudades, pueblos, e incluso zonas rurales. Es un desafío poder encarnar comunidades de hospitalidad donde la tradición y «lo valdense» pueda potenciar el compromiso con las y los desplazados y no ser un obstáculo para la integración de personas a nuestras comunidades.