Una instancia internacional de encuentro y reflexión
Entre los días 1 al 5 de julio, Mariano Chialva, integrante del equipo organizador del Seminario Teológico de Formación Colectiva de la Iglesia Evangélica Valdense del Río de la Plata, participó del Laboratorio de Experiencias Decoloniales realizado en Berlín, Alemania. Esta actividad fue organizada por el Departamento de Educación de Pan para el Mundo —fundación diacónica de la Iglesia Evangélica Alemana— y el Departamento Ecuménico de Investigaciones (DEI).
El laboratorio reunió a unas 40 personas de diferentes partes del mundo, incluyendo representantes de organizaciones de Cuba, Costa Rica, Perú, Ecuador, Ghana, Mali, Angola, Burkina Faso, Sudáfrica, entre otros lugares. Participaron integrantes de organizaciones sociales que trabajan con personas migrantes, colectivos vinculados a la fe y espacios de formación popular.
Compartir procesos y prácticas desde los territorios
Durante los días del encuentro, las y los participantes reflexionaron sobre cómo sus comunidades vienen construyendo experiencias de formación colectiva con perspectiva decolonial. También se exploraron caminos para releer la Biblia y la teología desde las vivencias concretas de los pueblos.
En representación del Seminario, Mariano Chialva compartió el trabajo que vienen desarrollando desde hace siete años, centrado en la construcción de nuevas preguntas desde el hacer cotidiano. A través de una dinámica tomada de la celebración de inicio del Seminario 2023, Mariano invitó a las y los participantes a incorporar el cuerpo, las diferencias y la espiritualidad en el espacio común.
“Pensamos el Seminario como parte de la Iglesia Valdense. Esta participación fue una oportunidad para compartir un proceso colectivo que venimos construyendo desde hace tiempo. Cualquiera del equipo podría haber viajado. Lo que llevamos no fue una experiencia individual, sino un camino compartido”, expresó Mariano.

Tejer memorias colectivas
Uno de los momentos más movilizadores fue la construcción de una colcha colectiva de retazos, donde sentadas y sentados en ronda, las y los participantes cosieron mientras compartían sus historias de lucha y resistencia. La metáfora del tejido como memoria activa permitió pensar las experiencias no solo como legado, sino como presente vivo y motor de transformación.
“Fue muy fuerte ver cómo, desde realidades tan distintas, compartimos caminos similares. La colonialidad no se vive igual en África que en América Latina, pero en ambos contextos sus consecuencias siguen presentes. El diálogo fue duro en algunos momentos, pero profundamente enriquecedor”, compartió Mariano.

Pensar redes desde el territorio y hacia lo global
Uno de los desafíos propuestos por el Laboratorio fue pensar cómo articular las acciones locales en una red global que permita seguir construyendo colectivamente. Las preguntas surgidas durante el encuentro apuntaron a no dejar los aprendizajes sólo en quienes participaron, sino compartirlos con comunidades, iglesias y organizaciones.
“Estos espacios nos permiten ampliar la mirada. A veces quedamos muy centrados en nuestro territorio. Participar en estas redes nos ayuda a construir nuevas preguntas, que no nacen de forma individual, sino desde la comunidad”, comentó.
Hacia una vida más justa y comunitaria
La experiencia también dejó resonando la importancia de que el Seminario, como espacio eclesial, pueda fortalecer lazos con organizaciones como Pan para el Mundo y el Centro Martin Luther King de Cuba, que desde hace décadas trabajan por una vida más justa desde una mirada comunitaria y transformadora.
“Nos invitan a pensar lo político no desde los partidos, sino como la capacidad de tomar decisiones con otras y otros. Nos desafían a salir de la lógica individual para volver a reconocernos en la vida comunitaria como espacio de esperanza”, concluyó Mariano.