Con el objetivo de generar un espacio amplio, plural y democrático de diálogo entre el Estado y las comunidades de fe presentes en el país, el pasado miércoles 14 de abril en Montevideo se desarrolló una instancia interreligiosa organizada por la Junta Nacional de Drogas junto a la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas (CICAD) de la OEA. La actividad tuvo lugar en el auditorio Vaz Ferreira del Sodre y convocó a referentes de diversas tradiciones religiosas, autoridades nacionales y actores sociales.

El encuentro buscó fortalecer una agenda compartida frente a desafíos sociales urgentes -como los consumos problemáticos de sustancias, la violencia y la fragmentación social- promoviendo respuestas integrales que articulen políticas públicas con el conocimiento territorial y la experiencia de acompañamiento que desarrollan cotidianamente las comunidades religiosas.
Se resaltó el carácter significativo del encuentro en términos históricos e institucionales. Nicolás Iglesias Schneider, moderador de la mesa de intercambio, señaló que, si bien existen espacios de diálogo interreligioso desde hace más de dos décadas, “es la primera vez que participa de una instancia de este tipo el Presidente de la República en calidad de escucha”, lo que otorga al evento un marco novedoso y relevante. Asimismo, destacó que la convocatoria desde el propio Estado representa “un cambio en la dinámica habitual”, donde estos espacios eran promovidos principalmente por las propias comunidades de fe.
Otro de los aspectos valorados fue la reflexión en torno a una laicidad entendida desde una perspectiva más abierta y dialogante. Según Nicolás, se trató de una visión “más positiva, inclusiva y sin miedo, adaptada al siglo XXI”.
En el panel interreligioso se puso de manifiesto la riqueza de las distintas tradiciones y miradas. Para Gabriel Rossi Gonnet, secretario general de la Junta Nacional de Drogas de Uruguay, “no se trata de uniformizar ideas, sino de reconocer que, aun desde diferentes perspectivas, puede haber una voluntad compartida de proteger la vida y acompañar mejor a quienes más lo necesitan”.
Presencia valdense en la actividad
Durante la jornada se puso en valor el aporte histórico y actual de las comunidades de fe en la construcción del bien común, la convivencia y la promoción de derechos. Desde la Iglesia Evangélica Valdense del Río de la Plata (IEVRP) participaron la pastora Carola Tron y el pastor Oscar Geymonat, además de Simón Quintela Bartel quién se sumó a las instancias formativas como coordinador general de la Secretaría Ejecutiva de la Diaconía (SEDiV).
Carola Tron, subrayó que “es importante tener presencia como iglesia valdense en el ámbito del diálogo del Estado con las diferentes expresiones religiosas presentes en Uruguay. Tenemos un testimonio de presencia en el país que data desde las formación de las colonias y con una fuerte impronta de compromiso social en el involucramiento tanto en los ámbitos educativos como vinculados a la salud desde la tarea en discapacidad, ancianidad, niñeces, desde hace muchos años.“ En ese marco, reafirmó el valor de la laicidad como garantía de diversidad y respeto, así como la necesidad de mantener una clara distinción entre los ámbitos del Estado y las iglesias.
Para Oscar Geymonat, la foto del panel muestra una “diversidad parcial, pero significativa, de un mundo religioso que enriquece mucho cuando podemos conocerlo, valorarlo y reconocernos cuando caminamos por los mismos senderos.” Y agrega: “En Uruguay el fenómeno religioso ha sido invisibilizado por mucho tiempo; en estudios sociales, políticos, en la historiografía. La concepción de laicidad que expresó el secretario de la Junta Nacional de Drogas, Gabriel Rossi, al abrir el encuentro y también el subsecretario de la presidencia de la república, Jorge Díaz, dan cuenta de que hay un cambio en esa visión y es para celebrarlo.”
Instancia de capacitación e intercambio
El encuentro formó parte de un proceso más amplio que incluyó también instancias de formación desarrolladas en jornadas complementarias, con la participación de unas 25 comunidades religiosas.
Simón Quintela Bartel valoró que estas instancias permitieron abordar temas como el rol de las organizaciones basadas en la fe en la transformación social, las estrategias de cuidado y acompañamiento, y los límites vinculados al respeto de los derechos humanos y la libertad de conciencia.
Asimismo, destacó que se promovieron enfoques centrados en la dignidad humana, evitando perspectivas punitivas o estigmatizantes, y que se avanzó en la elaboración de un documento de consenso como base para futuras articulaciones. Sin embargo, expresó que “el énfasis casi exclusivo en el consumo problemático en sectores de menores recursos dejó en evidencia una mirada parcial, ya que el fenómeno parecía definirse como problemático más por su impacto indirecto en las clases medias y altas que por el que tiene en la persona en sí misma. Ese desplazamiento, en última instancia, corre el riesgo de perder de vista a ese sujeto de derecho y de deseo que es —o debería ser— el centro de cualquier intervención.”
Si bien también surgieron interrogantes y tensiones en torno a algunos enfoques y marcos conceptuales, el balance general fue positivo. “Haber generado un espacio de escucha real entre actores tan diversos ya constituye un paso significativo”, expresó señalando además la oportunidad de que estos encuentros se traduzcan en vínculos sostenidos y formas concretas de cooperación.