Iniciaron las clases en la Escuela de Ministerios Comunitarios

Con una fuerte impronta ecuménica y de educación popular, la Escuela de Ministerios Comunitarios inició sus clases el pasado lunes 11 de agosto. Más de 50 personas participan en un proceso que busca fortalecer el protagonismo del laicado, revisar prácticas comunitarias y responder a los desafíos de la realidad a la luz del Evangelio. Conversamos con la pastora Lic. Claudia Tron y el diácono Mgr. Martín Elsesser quieres tuvieron a cargo el comienzo de la etapa formal.

Intenciones en esta primera instancia

“El inicio fue muy alentador, en la primera clase tuvimos más de 50 conexiones y en muchos casos varias personas por pantalla. La participación fue activa, con mucho deseo de compartir, reflexionar y aportar desde la experiencia de cada comunidad. Trabajamos con una dinámica en grupo y fue muy buena la respuesta. Este entusiasmo se nutre de un proceso que ya había comenzado con un encuentro presencial previo, pensado para motivar y fortalecer vínculos”, comentó Claudia.

“La propuesta que acompañamos está enfocada en el análisis crítico de las prácticas comunitarias, buscando que las iglesias puedan revisarlas a la luz del Evangelio y de la realidad contextual. Queremos que nuestras prácticas sean transformadoras y liberadoras, y eso implica reconocer tensiones entre lo que quisiéramos hacer y lo que la tradición a veces nos exige, recuperando la identidad protestante de reforma permanente”, agregó.

Para Martín, uno de los grandes valores de la Escuela es su perspectiva ecuménica, y en esta primera instancia ya descubrimos que “lo que me pasa en mi comunidad también lo vive una hermana o un hermano de otra denominación”. Ese intercambio nos enriquece y nos desafía.

Métodos y apropiaciones

“El método combina el ver, juzgar y actuar con herramientas de la educación popular y la teología de la liberación, favoreciendo el diálogo entre teoría y práctica. Las clases incluyen instancias de intercambio grupal y consignas concretas, como registrar oraciones de intercesión para analizar qué realidades se nombran y cómo, o entrevistar referentes para mapear momentos históricos en que la comunidad respondió a necesidades concretas”, explicó Martín.

“Ser parte de un proceso colectivo implica tiempo, hasta que las personas se apropien de la dinámica. Cuando existe el deseo de aprender y protagonizar, hay una base sólida para proponer metodologías que interpelen y promuevan la participación activa del laicado, que también expresa la necesidad de involucrarse en la historia que se quiere construir”, sostuvo.

Para Claudia, las iglesias que impulsan esta propuesta asumen una decisión política clara: “acompañar de cerca a estudiantes, dialogar permanentemente, detectar dificultades y sostenerlos y sostenerlas para que no abandonen. En el contexto actual, marcado por fundamentalismos que usan la Biblia para justificar ideas deshumanizantes, nuestra identidad protestante nos llama a leer el Evangelio desde una perspectiva contextualizada, situada y descolonizada, generando procesos en los que cada participante se sienta parte de lo que construye”, concluyó.

La Escuela responde a una necesidad sentida por las iglesias que la impulsan: fortalecer el protagonismo del laicado y cuidar los procesos de formación. No se busca aplicar fórmulas para repetir, sino un proceso que se va nutriendo todo el tiempo de la realidad y de la escucha mutua.En este sentido, la EMC dialoga constantemente con el gran desafío de formar personas con mirada crítica, capacidad de escucha y sensibilidad pastoral, capaces de identificar las interpelaciones de la realidad y responder comunitariamente. Es una propuesta contracultural, porque este es un tiempo de fragmentación. “Apostamos a construir comunidades de cuidado, ancladas en el Evangelio y abiertas a la reforma permanente” afirmó Claudia.

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