Ya transcurridos los primeros tres días del Concilio de la CMIR, Federico Plenc y Brisa Budareto comparten sus impresiones como delegación valdense sobre las actividades desarrolladas, luego del devocional de apertura y la constitución de la Asamblea. Con delegados y delegadas de más de 100 denominaciones, se presentaron los informes de Presidencia y Secretaría General, además de los producidos allí por parte de los grupos de mujeres y de los-as jóvenes.

Los trabajos de los grupos de jóvenes y mujeres se desarrollaron en simultáneo con una serie de talleres que abordaron diversas temáticas, entre ellas: El Proyecto Onésimo; De lo local a lo global y de nuevo a lo local; Myanmar: un clamor por la solidaridad de la iglesia; Viviendo nuestros diálogos ecuménicos; Campañas por la justicia en la economía y en la Tierra; Pueblos indígenas; Una paz duradera en Corea; Reimaginando la masculinidad; Misión en contextos de crisis, y La fe como arma del imperio.
Fruto de este proceso, se presentaron ante la asamblea los informes del grupo de mujeres y jóvenes. Respecto al primer grupo, se compartió una profunda denuncia sobre las vivencias de mujeres en el mundo que son víctimas de conflictos armados, inseguridad alimentaria producto de catástrofes naturales y de las múltiples formas en que el poder patriarcal atraviesa gobiernos, sociedades y también a la iglesia.
Subrayaron, además, que el ministerio de las mujeres continúa siendo percibido como algo anormal; que su representación sigue estando significativamente sexualizada; y que sus dones son, con frecuencia, subvalorados dentro de la vida eclesial.
Ante esta realidad, hicieron un llamado a que las iglesias de la CMIR rechacen el poder patriarcal y heterosexista en todas sus esferas. Propusieron fomentar la sororidad mediante espacios de intercambio, desarrollar herramientas de auditoría de género para promover el uso de lenguaje inclusivo en los documentos institucionales, y fortalecer la ordenación y plena inclusión de las mujeres en el ministerio y en los espacios de liderazgo.
También solicitaron que se elaboren informes que den cuenta de los avances en estos temas, y que se generen recursos educativos y celebrativos que incluyan activamente a los y las jóvenes. Dichos recursos, señalaron, deberían desafiar los estereotipos heterosexistas, militaristas, androcéntricos y de género, así como la mirada antropocéntrica que persiste en muchos ámbitos.
Por su parte, los y las jóvenes presentaron una obra de teatro y compusieron canciones como preámbulo a su informe, con intérprete de lengua de señas. En su mensaje, realizaron un llamado de atención a la Asamblea para que no se celebre la hipermasculinidad en relación con el trabajo y las exigencias, y para que no se glorifique el agotamiento, el exceso de tareas, el estrés y la falta de descanso.
Asimismo, reflexionaron sobre las difíciles vivencias de las juventudes en este tiempo, tanto en nuestras sociedades como en las iglesias, que muchas veces reproducen lógicas contrarias al mensaje de Jesús. En su análisis, incluyeron una mirada crítica sobre el impacto de la inteligencia artificial en el mundo y en la vida eclesial, destacaron la importancia de cuidar la salud mental y subrayaron la necesidad de generar espacios genuinos de encuentro.
Los informes de la Presidenta y del Secretario General fueron extensos y abordaron una amplia variedad de temas, ya que resumían el trabajo de la CMIR a lo largo de ocho años. La Presidenta señaló como principales desafíos a futuro la sostenibilidad de la CMIR, el fortalecimiento de la comunicación y el desarrollo de las capacidades del equipo de gestión. A su vez, el Secretario General recomendó implementar un plan de visitas a las regiones con el fin de fortalecer la conexión, impulsar una campaña de sostenibilidad —la denominada “campaña de los 10 euros”— y restablecer el Fondo de Asociación de Iglesias Reformadas. Este fondo tiene como objetivo apoyar proyectos en el Sur Global y contribuir a los esfuerzos de socorro en casos de desastre y respuesta a emergencias.
Por último, se llevó adelante un taller en plenario sobre claves de interpretación bíblico-teológica y reflexiones sobre nuestra eclesiología desde la perspectiva de personas en situación de discapacidad, a cargo de la Reverenda Dr. Miriam Spies. En ese marco, el Reverendo Dr. Ottis Moss III compartió una predicación sobre la necesidad y potencia de ser la sal de la tierra y la luz del mundo como iglesias reformadas en un mundo quebrado, globalizado, desconectado en las luchas populares, fragmentado en la empatía y dormido en el testimonio; una sal que pierde su sabor. Hizo un llamado a conectar con la ecumene y los pueblos sufridos para dar un testimonio fuerte sobre la justicia en este tiempo.