Una invitación que se hace extensiva: vengan y vean

La “Iniciativa Ecuménica Cristiana Palestina”, convocó a hermanas y hermanos de distintas organizaciones ecuménicas internacionales al lanzamiento de un nuevo documento de Kairos Palestina. Se realizó en Belén, el pasado 14 de noviembre. Darío Barolin, pastor de la Iglesia Evangélica Valdense del Río de la Plata, participó de la actividad representando a la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas y en esta nota comparte parte de la experiencia.

Fui parte de la delegación de unas 60 personas de diferentes partes del mundo entre las que se encontraba también un representante de la Tavola Valdense, el pastor Michel Charbonnier. Fuimos convocados por Kairós, un grupo ecuménico, cristiano, palestino, que intenta que el mundo vea lo que está sucediendo en esa parte del mundo. En 2009 publicaron un documento que se tomó de base para el nuevo, Un momento de verdad: fe en tiempos de genocidio, que tiene un pedido hacia las iglesias en el resto del mundo.

Previo al lanzamiento del documento, realizamos varias visitas para conocer de primera mano el lugar, las situaciones concretas de vida y especialmente cómo están viviendo las comunidades cristianas allí; particularmente en el ámbito rural donde colonos israelíes llevan adelante constantes acciones de amedrentamiento, de hostigamiento con la intención de que abandonen el territorio. 

La intención era conocer de primera mano, conversar con la gente y poder ver con nuestros propios ojos lo que allí sucede  y cómo ellos lo viven. Fue muy impactante, es difícil contar lo que se vive. La situación cotidiana es insostenible. Todos los días se encuentran con que colonos israelíes atacan sus propiedades o a ellos mismos. Un día llegan y les queman cuatro o cinco árboles de olivo, otro día matan una o dos ovejas de las familias palestinas o largan las suyas en campos que no son de ellos, también pueden romper los corrales o se paran con armas cerca de las escuelas. En tiempos de cosecha de olivos, muchos son tiroteados por francotiradores ubicados en los asentamientos. 

Nos contaban que esos olivos que suelen quemar son centenarios y que tienen una referencia familiar histórica, porque es bajo esa sombra que un abuelo le cuenta la historia familiar al nieto. Un árbol quemado significa que el abuelo no tiene más el árbol que lo vincula a sus raíces, donde su abuelo le contó la historia de su tatarabuelo, y donde deseaba transmitirle lo vivido por generaciones a su nieto. Como dije, son acciones “pequeñas”, pero constantes. Quizás se pregunten por qué no denuncian, nos contaron que si lo hacen: viene el ejército israelí y los reprime a ellos. Organizaciones internacionales de Derechos Humanos elevan un informe mensual ante el Comité de Seguridad de las Naciones Unidas registrando las denuncias comprobadas. 

Y nada cambia. De hecho, yo leí algunos de esos informes, pero una cosa es leerlo y otra es verlo. Que un anciano te lleve y te muestre un olivo de 85 años totalmente quemado, verlo llorar. Que una madre te diga que hace dos años no manda más a sus hijos a la escuela porque tienen miedo que les pase algo. Sin ir más lejos, parte de esta delegación internacional padeció el hecho de que los checkpoints puestos por el ejercito de ocupación israelí en territorio palestino abran y cierren cuando quieren, pudieron entrar a una comunidad palestina, pero cuando regresaron estaba cerrado y tuvieron que buscar alternativas para salir. Si esto le pasa a una delegación internacional, podemos imaginarnos a quienes deben cruzar todos los días por trabajo; hay una clara acción de amedrentamiento porque nunca sabés cuánto tiempo te va a llevar cruzar, no es solo el maltrato o el desgano del funcionariado público -al que quizás estamos más acostumbrados-as-.

También nos encontramos con un grupo de personas israelíes que se acercan en solidaridad a una de las comunidades palestinas más afectadas. Vienen y conviven con ellos y ellas todo el tiempo, se turnan, porque ellos -los israelíes- sí pueden filmar, generar registro, publicarlo en redes sociales sin ser acosados.

Frente al silencio del mundo: un clamor

Todas estas situaciones que no son más que ejemplos de lo que padece la comunidad palestina a diario, sin siquiera mencionar el genocidio en Gaza, lo que más impacta es el silencio de los gobiernos del mundo. Escriben declaraciones, pero no pasa nada.

Entonces, en ese contexto, se presenta este segundo documento con un llamado concreto a las iglesias: una reafirmación y pedido constante a la paz, en clave de una resistencia creativa y pacífica. Es necesario exigir una solución justa y que se respete el derecho internacional. 

En la Parte III del documento, dice: “Dirigimos nuestro llamado a las personas cristianas de todo el mundo. Les llamamos desde Jerusalén, Belén y Nazaret, desde el lugar de nacimiento de Cristo, la tierra de la Encarnación del Verbo y la cuna del amor, la misericordia y la justicia; desde la tierra del sufrimiento, la muerte y la resurrección; la tierra de la redención y la esperanza, desde donde ha surgido el llamado de la humanidad al arrepentimiento y al retorno a los fundamentos de la fe. Desde aquí, la fe se extendió hasta los confines de la tierra. Es un llamado a ―aprender a hacer el bien, buscar la justicia y socorrer a los oprimidos‖ (Is 1, 17).”

También enuncia: “Ahora más que nunca es el momento de una solidaridad costosa. Por su propia naturaleza, la verdadera solidaridad es costosa; tiene un precio. Es una postura basada en la fe, en un compromiso humano y una responsabilidad moral. La verdadera solidaridad es también la encarnación de nuestra humanidad y fraternidad compartidas. O vivimos juntas y juntos, o perecemos juntos. Hoy es Palestina. Mañana serán otros pueblos marginados y oprimidos”.

Frente a tanto dolor, recibimos el llamado a unirnos pidiendo la paz, confiando en nuestro compromiso cristiano de levantar una voz profética, denunciar las injusticias y anunciar un mundo mejor. 

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