Kevin Frederick, presidente de la American Waldensian Society, escribió la siguiente reflexión a partir de los acontecimientos ocurridos recientemente en los EEUU. Recordamos que en los últimos meses la administración Trump ha endurecido su política inmigratoria, desplegando en su territorio operativos dirigidos por el ICE que han sido criticados por ciudadanos y organizaciones sociales, con un saldo de duras refriegas.
Hoy resuenan los nombres de Renee Good –muerta de un disparo mientras bloqueaba la calle con su vehículo en señal de protesta- y de Alex Pretti –abatido mientras estaba siendo reducido, en otra manifestación en Minneapolis. A estos acontecimientos se añade una política exterior más agresiva.
Leemos una adaptación del texto publicado por Kevin Frederick el pasado 27 de enero:
Desde hace meses, un hecho histórico sobre los valdenses viene dando vueltas en mi cabeza. En los últimos días, ha aumentado su nivel de urgencia.
Allá por los años veinte del siglo pasado, luego de que Mussolini y sus Camisas Negras marcharan sobre Roma y tomaran el control del Estado italiano, el fascismo consolidó su poder firmando un concordato con la Iglesia Católica. También obligaron a la mayoría de las grandes empresas italianas a adaptar su vida corporativa a sus exigencias. En ese entonces, algunos pastores valdenses y líderes laicos alzaron la voz con valentía. Pero muchos otros respondieron al control fascista con silencio. Solo después de 1943 hubo un número creciente de líderes valdenses que se sumó a la resistencia y colaboró con el derrocamiento de ese imperio maligno.
Cuando finaliza la guerra, y tras la muerte de muchos millones de personas en todo el mundo, la Iglesia Valdense resolvió enfocar su trabajo de misión en la construcción de la paz, la justicia y la democracia. Con ese objetivo, muchos jóvenes líderes valdenses se unieron para construir juntos el Centro Agape, trabajando con sus propias manos. Su deseo era crear un lugar donde jóvenes de todo el mundo pudieran reunirse para aprender, servir, celebrar el culto y dialogar. Su convicción era que la paz y la justicia solo pueden darse a través del diálogo y la comprensión, en ambientes seguros, que honren a cada persona.
Hoy, mientras leo y observo lo que se está desplegando en nuestra democracia, escucho el eco de los gritos de toda una generación, que clama “nunca más”. Nunca más podemos permitir que el mundo derive hacia el caos y la guerra.
La muerte de Renee Good en Minneapolis, Minnesota, a comienzos de este mes, y las acciones brutales del ICE contra ciudadanos norteamericanos e inmigrantes recuerdan a un Estado policial y hacen eco de las acciones llevadas por la Alemania nazi durante los años treinta.
Luego, mientras todo esto todavía ocurría en Minnesota, el Presidente y su administración decidieron cambiar el foco de atención y hablar de su intención de tomar Groenlandia. Piensen en eso. Uno podría preguntarse: ¿por qué necesitamos hacer esto, si EEUU ya cuenta con una base militar en Groenlandia, así como con la posibilidad de reactivar otras bases que fueron cerradas desde la Segunda Guerra Mundial?
Incluso ahora, EEUU estaba negociando un acuerdo marco con la OTAN destinado a asegurar el acceso a los recursos minerales de Groenlandia, con el objetivo de reducir la dependencia con China. Por último, EEUU siempre ha contado con la plena cooperación de los aliados de la OTAN, por casi ochenta años. ¿Por qué entonces querríamos intimidar a nuestros aliados, imponerles aranceles excesivos y el recurso a la fuerza? Muchas personas, entre las que me incluyo, creen que este intento es suicida si EEUU pretende mantener un rol de liderazgo en el mundo. ¿Para qué es todo esto? Mi impresión es que este intento de apropiarse de Groenlandia es dañino para todas las democracias en todas partes.
Pasé años de conversaciones con mi padre, que peleó en la Segunda Guerra Mundial, y también conocí a muchos de sus amigos y compañeros soldados, que también combatieron convencidos de pelear contra la tiranía y el fascismo en esa guerra. Y sé que hoy estarían horrorizados de escuchar lo que nuestro Presidente está proponiendo. Muchos republicanos y demócratas han afirmado que el deseo de este Presidente de
apropiarse de Groenlandia no puede ni va a concretarse. No podemos hacer enemigos a nuestros aliados y sobrevivir. No podemos amedrentar a nuestros amigos ni tomar el control de otro país con un operativo hostil, sin asumir que eso envalentonaría a otros países, como Rusia. China también podría verse alentada a hacer lo mismo con Taiwán y otros países.
Como estadounidenses, debemos recordar que también somos ciudadanos del mundo. Como ciudadanos del mundo y como ciudadanos de una gran nación, debemos respetar y honrar la dignidad de todas las naciones. Pero hacer eso implica alentar a nuestros representantes electos a respaldarse en su autoridad y detener esta trayectoria, que ha estado marcada por la locura. Como valdense por fe, me he empapado en la historia de este movimiento, y por eso no puedo quedarme callado. Es tiempo de que nos pongamos de pie y seamos visibles.
El autor de este texto, Kevin Frederick, es presidente de la AWS y pastor emérito de la Waldensian Presbyterian Church en Valdese, Carolina del Norte.
(Adaptación del inglés realizada por J. Javier Pioli; original disponible en: https://www.waldensian.org/stand-and-be-counted/)