Conversar para convivir: hacia una cultura de la paz

En el marco de las actividades nocturnas, se desarrolló el espacio “Conversar para convivir: hacia una cultura de la paz”, una propuesta organizada previamente por Mesa Valdense que invitó a detenerse, escuchar y reflexionar colectivamente sobre la paz en tiempos donde la violencia se acrecienta. El conversatorio contó con los aportes del docente e investigador de la Universidad de la República (UDELAR), Nelson Villarreal Durán, y con los testimonios de Ismael González, Margarita Cantero y Gustavo Cantero, integrantes de la comunidad Qom del Chaco argentino.

Desde el comienzo, las voces de la comunidad Qom pusieron en el centro la experiencia del encuentro y la gratitud por el camino compartido con la Iglesia Valdense. Para Margarita Cantero, estar presente en el Sínodo fue una continuidad de un vínculo que se viene construyendo desde hace años: “Estamos aquí en Uruguay por una invitación de parte de la Iglesia Valdense y realmente estoy muy agradecida por este acompañamiento que siempre nos brindan en nuestras comunidades”.

Ese acompañamiento, explicó, se ha expresado en espacios de formación y de encuentro donde la fe y la cultura dialogan: “Siempre nos acordamos de la escuela bíblica, de profes que han caminado con nosotras y nosotros, trabajando lo cultural y lo espiritual, leyendo juntos en qom y en español. Eso nos dio mucha paz y mucha alegría y una oportunidad para llevar nuevas herramientas a las comunidades.”

En esa misma línea, Gustavo Cantero, de la comunidad Qom de Fortín Lavalle, participó por primera vez de un Sínodo y destacó el valor de estos espacios para fortalecer el trabajo comunitario, especialmente con las juventudes: “Es la primera vez que participo en un sínodo y la verdad que me gustó mucho. Para mí es algo importante estar acá y poder cosechar una nueva experiencia”.

Gustavo compartió una preocupación que atraviesa a su comunidad: “Allá en Chaco estamos luchando mucho por los jóvenes. Apuesto al arte, la danza y el canto ancestral, porque sentimos que a muchos los estamos perdiendo, que se van por otros caminos”.

En ese contexto, el diálogo apareció como una herramienta central para la construcción de la paz: “Hoy el diálogo casi no existe, por muchas cosas, incluso por la tecnología. Por eso estos espacios son tan importantes. Lo que aprendí acá lo voy a replicar en mi comunidad, sobre todo con los jóvenes”.

La palabra paz también fue retomada por Ismael González, integrante de la comunidad Qom de Villa Río Bermejito y miembro del Consejo de Unidad de las Iglesias Indígenas (CONDUDII), quien valoró profundamente el conversatorio y el clima fraterno del encuentro: “Hablar de la paz y de la fe fue algo que me tocó muy fuerte. Me sentí muy contento por el recibimiento de los hermanos y hermanas de la Iglesia Evangélica Valdense del Río de la Plata”.

Ismael vinculó la construcción de la paz con el llamado al servicio y a la unidad: “Predicamos fe, amor y esperanza. Estamos llamados a una sola fe, a un solo Dios, a un solo bautismo y a una sola esperanza. Por eso debemos caminar juntos y juntas como hermanos y hermanas en Cristo”.

Para Ismael, el encuentro no solo dejó reflexiones profundas, sino también gestos sencillos: “Me llevo la bendición y el recuerdo en mi corazón: el cariño, el compartir, hasta un mate uruguayo”.

El conversatorio también contó con el aporte de Nelson Villarreal Durán, filósofo y cientista político e integrante de la Alianza por el Desarme y la Justicia Social en ALC, quien valoró especialmente la experiencia sinodal como una expresión comunitaria singular: “Es una rica experiencia estar acá en el Sínodo Valdense, una tradición cristiana distinta, donde se visualiza claramente esta vivencia comunitaria, la convocatoria, la esperanza, la alegría y el compromiso de fe”.

Desde allí, propuso profundizar en el sentido mismo de la paz y en la necesidad de problematizarla: “Reflexionar sobre la paz implica preguntarnos qué entendemos por cultura de paz. No es algo único ni simple, requiere mirar la diversidad de experiencias subjetivas, las formas de convivencia y también las formas institucionales”.

“No podemos pensar la paz fuera de la tensión entre el horror de la violencia y la búsqueda permanente de construir humanidad. Esa tensión atraviesa los conflictos subjetivos, sociales, políticos y también religiosos”, enfatizó.

Finalmente, señaló que la paz es un proceso dinámico que exige compromiso y esperanza: “La paz no es algo detenido, es un foco móvil. Apela a humanizarnos constantemente. Y es esa esperanza de que un mundo distinto es posible lo que le da consistencia y sentido”.

Con estas palabras, el espacio “Conversar para convivir: hacia una cultura de la paz” cerró reafirmando que la paz no es ausencia de conflicto, sino una construcción cotidiana que se sostiene en la fe, el diálogo, la dignidad y la esperanza compartida.

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