Los ministerios particulares tuvieron un lugar transversal en el trabajo sinodal de este año, impulsado por la labor de la Comisión Sinodal de Ministerios durante 2025. El material elaborado por este equipo de trabajo fue retomado en la Asamblea Sinodal, que reconoció la necesidad de continuar y profundizar el proceso comunitariamente.
El documento finalizado en noviembre de 2025, que hoy se pone en circulación, surge de la necesidad de contar con un lenguaje común y con criterios compartidos sobre los ministerios entre quienes integraban la Comisión Sinodal, atravesada por la diversidad de miradas, trayectorias y experiencias comunitarias. Alfredo Servetti, integrante de la Comisión, lo explica de este modo: “Somos de comunidades diferentes, tenemos realidades y experiencias comunitarias distintas. Necesitábamos tener una aproximación o un lenguaje común acerca de lo que hablamos cuando nos referimos a ministerios. Entonces, nuestras experiencias tan diversas y la lectura de materiales producidos previamente, los Reglamentos Orgánicos y nuestra tradición teológica reformada fueron los primeros puntos de conversación sobre esta temática tan amplia.”
En la misma línea, Rocío Geymonat, también integrante de la Comisión Sinodal de Ministerios, señala: “Este documento fue tomando forma como respuesta a las dificultades que teníamos con los términos nosotros y nosotras mismas. Su producción implicó dos grandes desafíos que contribuyeron a nuestro trabajo, por un lado, compilar todo lo producido sobre el tema y, por otro, qué de todo eso creíamos pertinente para invitar a leer en nuestras comunidades. Interpretamos que sería provechoso para la reflexión acercar un insumo concreto.”
Así, el documento se fue convirtiendo en un insumo que recoge lo trabajado, retoma antecedentes y los pone a disposición de las comunidades para seguir pensando juntas y juntos los ministerios.
Sus ejes principales
Uno de los acuerdos centrales fue explicitar el marco teológico desde el cual abordar una temática tan amplia. Alfredo explica: “Como principio ordenador nos propusimos reflexionar desde un marco un poco más acotado. Cuando hablamos de ministerios, lo hacemos siempre en relación con la misión de Dios, particularmente con la misión de la iglesia y con cómo estos ministerios contribuyen, es decir, pensarnos como instrumentos y a los ministerios como respuesta a esa vocación. Aquí comienzan los desafíos: cómo los distinguimos de otros liderazgos, cómo discernimos una función, una tarea y un ministerio. Ahí es donde creemos que tiene que estar el foco de la reflexión: tareas y funciones hay muchas, pero ¿comprendemos a los ministerios particulares como instrumentos que están al servicio de la misión?”
Los ministerios deben comprenderse en relación con el tiempo y las realidades concretas de la Iglesia. En palabras de Rocío: “Es clave entender a los ministerios de manera situada, histórica. En este momento se responde de esta manera a ese llamado de Dios, pero eso no significa que la discusión quede resuelta para siempre. Tenemos que darnos la charla sobre cuáles son los ministerios importantes para nuestras comunidades y para nuestra iglesia, más allá de la figura del ministerio pastoral. Creo que tenemos el gran desafío de poner en valor otros ministerios frente a la centralidad del pastorado —que hoy atraviesa sus propias tensiones y devino de nuestras prácticas, hábitos y costumbres—. Los Reglamentos hablan de ministerios particulares como una expresión de apertura y de reconocimiento de diversas formas de servicio.”
La reflexión también puso la mirada en aquellos ministerios que cuentan con reconocimiento a nivel comunitario, aunque esa diversidad ministerial no encuentra su correlato a nivel sinodal. “Un aspecto a considerar también son los ministerios reconocidos a nivel de las iglesias locales, que son los ancianos y diáconos. Nuestra conversación muchas veces nos encontró sin tener claridad sobre esos roles y funciones, incluso pensamos que puede ser un lindo desafío repensar el sentido de esos ministerios”, agregó Alfredo.
De esas conversaciones surgió también una propuesta que invita a imaginar nuevas formas de encuentro y articulación. Tal como lo señala Alfredo: “El Cuerpo Pastoral retomó una propuesta de ampliación de ese espacio hacia un cuerpo ministerial, reflexión que compartimos en el documento para imaginar un ámbito de mayor articulación entre los ministerios desde el cual pensar la misión de la iglesia. Sin dudas, es una propuesta para seguir pensando.”
El mandato sinodal y sus desafíos
La reflexión de la Comisión encontró eco en la Asamblea Sinodal. En el Acto 7, el Sínodo reconoce el trabajo realizado, la relevancia de la temática y la necesidad de ampliar el diálogo para generar consensos; a su vez, le encomienda continuar el proceso en articulación con otras instancias y elaborar propuestas para la próxima Asamblea.
En ese marco, Rocío expresa: “Entendemos que es una tarea que excede la labor de una comisión sinodal y que debe ser parte de un proceso colectivo de reflexión. Eso nos alienta a invitar a otras instancias a reflexionar. Nos alegra que el documento haya puesto sobre la mesa otras perspectivas sobre la temática y que la asamblea haya considerado necesario continuar profundizando la discusión con otros y otras.”
En relación con las diversas conversaciones en el ámbito sinodal, Alfredo agrega: “Creo que la Asamblea nos dejó varias pistas para trabajar, por ejemplo en torno al ministerio del trabajo con jóvenes o a las comunicaciones. Son procesos que estamos ensayando y que vamos reconociendo de a poco; eso genera resquemores y también una serie de problemáticas prácticas: a quién responden, cómo se enmarcan en el organigrama institucional, etc.
Al mismo tiempo, fue una instancia provechosa para escuchar otras voces y ampliar la mirada. Nos invitó a observar qué y cómo se están dando este tipo de reflexiones en otros lugares y en otras iglesias.
Además, tenemos la intención de retomar nuestros antecedentes como punto de partida, porque no estamos creando algo totalmente nuevo. Sería interesante, por ejemplo, volver a los Reglamentos para revisar si están respondiendo a estas nuevas expresiones.”
Este proceso abre nuevas preguntas y también tareas concretas. En continuidad con su historia y a través del diálogo y la participación de sus comunidades, la Iglesia sigue discerniendo su misión, asumiendo el desafío de fortalecer los vínculos, acompañar sus prácticas y sostener el compromiso comunitario.
El documento completo puede leerse aquí.