Desarme, paz y justicia social: una construcción en proceso

La relación entre violencia, desigualdad y construcción de paz atraviesa hoy múltiples espacios sociales, políticos y religiosos. En este contexto, la Alianza por el Desarme y la Justicia Social en ALC surge como un intento de articular miradas y prácticas desde América Latina. Conversamos con Nelson Villarreal Durán, filósofo y cientista político, integrante de la ADJS en América Latina y el Caribe -quien además integró el panel Conversar para convivir: hacia una cultura de la paz en el último Sínodo– sobre su origen, desafíos actuales y el papel que pueden jugar las comunidades de fe en este proceso.


La Alianza nace en 2022 en un contexto muy particular. Por un lado, el proceso de Paz Total en Colombia generaba expectativas importantes en la región. Por otro, todavía no estaban presentes conflictos globales que luego marcarían el escenario internacional, como la guerra entre Rusia y Ucrania o la intensificación de la situación en Palestina.

En ese marco, distintos actores —vinculados a iglesias, universidades y organizaciones sociales— comienzan a dialogar. Nelson comenta: “Inicialmente, la idea era una alianza por el desarme vinculada al proceso de Paz Total en Colombia, pero rápidamente entendimos que el desarme no puede pensarse aislado: tiene que estar profundamente ligado a la justicia social. Sin esa dimensión, pierde sentido.”

Retomando el inicio del proceso, dice: “Fue una construcción diversa desde el inicio. Participaron espacios vinculados al mundo católico latinoamericano, organizaciones como Serapaz en México, sectores menonitas en Colombia, universidades y referentes de distintos países. También hubo presencia de redes eclesiales y académicas, junto con personas comprometidas desde distintos ámbitos.” y agrega sobre las actividades que se desarrollaron en Uruguay en este camino: “Se generaron seminarios, un manifiesto fundacional y espacios de análisis de coyuntura que permitieron sentar las bases del proceso.”

Uno de los grandes desafíos de la Alianza es construir desde la diversidad de situaciones territoriales, por ejemplo: “América Latina no vive guerras formales como otras regiones entre países, pero tiene niveles muy altos de violencia. Esta violencia se expresa en múltiples dimensiones: el narcotráfico, la delincuencia urbana, los feminicidios, la violencia intrafamiliar y también en una cultura que naturaliza ciertas formas de agresión.”, y agrega: “Por eso, hablar de desarme no es solo hablar de armas en sentido literal, solo de armas físicas que son muchas, sino de desarmar estructuras sociales, culturales y económicas que producen violencia. La desigualdad es una de esas formas de violencia.”

En la actualidad

“Hubo un impulso inicial fuerte, con dos años de trabajo más intenso, pero luego entramos en una especie de meseta. Parte de esto tiene que ver con cambios en el contexto global, que desplazaron el foco hacia otros conflictos.” sostiene Nelson y agrega: “También surgió un desafío importante: si bien logramos instalar el tema en ciertos espacios —iglesias, academias, organizaciones—, no se consolidó un movimiento social amplio en torno a estas ideas. Esa distancia entre los espacios de reflexión y los procesos de base es hoy una de las principales preocupaciones.”

Desde la Alianza, entienden que es necesario fortalecer procesos locales de base como articular con las grandes movilizaciones que convocan a la sociedad contra las distintas violencias, por lo tanto se busca crear un Nodo Uruguay, “esto permitiría generar un espacio de diálogo entre iglesias, universidades, organizaciones sociales y actores territoriales. La idea es construir desde lo concreto: analizar las violencias que vivimos —como el narcotráfico, la salud mental o la violencia de género— y pensar respuestas desde una perspectiva de paz y justicia social.”

Además, advierte: “No se trata de una estructura rígida, sino de un proceso abierto, con momentos de mayor y menor intensidad, pero con una base de compromiso sostenido.”

Sobre el objetivo de consolidar el nodo Uruguay, Nelson concluye: “Si podemos realizar sinergias para identificar colectivamente ejes de compromiso por el desarme y la justicia social en nuestros territorios entre diversas organizaciones, espacios educativos, comunidades religiosas podríamos comenzar una nueva etapa en la articulación latinoamericana que reclama de esfuerzos y compromisos conjuntos”.

El rol de las comunidades de fe

Las iglesias tienen un rol clave, especialmente por su presencia territorial y su vínculo con las comunidades. “En este contexto, el desafío es cómo volver a generar y articular con procesos de base, cómo dialogar con las realidades concretas de las personas y cómo aportar a la construcción de comunidad frente a la fragmentación social. El aporte ecuménico puede ser muy valioso, no solo entre iglesias, sino también abriendo el diálogo a otros actores sociales comprometidos con humanizarnos constantemente”, sostiene Nelson.

En la búsqueda de fortalecer el trabajo de la Alianza, se propone reflexionar juntos qué significa hoy vincular desarme, paz y justicia social, y desde allí definir posibles líneas de acción. En palabras de Nelson: “Las comunidades valdenses tienen una tradición muy rica en términos de participación, diálogo horizontal y construcción comunitaria. Eso es especialmente valioso en este momento.”

El horizonte es claro: construir paz desde la justicia social. “No es un llamado al pacifismo abstracto, ni tampoco a la confrontación sin horizonte. Es una invitación a pensar y actuar sobre las raíces de la violencia, generando comunidad, diálogo y compromiso. En un mundo cada vez más marcado por conflictos y desigualdades, sostener estos espacios —aunque sean pequeños— es, en sí mismo, un acto de esperanza”, concluye.

Publicado en Noticias.

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