En septiembre, el Centro de Campamentos Parque 17 de Febrero cumple 91 años de historia. Tal como al inicio, los espacios campamentiles continúan siendo una experiencia significativa y transformadora para muchas personas. De esto conversamos con la directora del Parque, Verónica Bertozzi, y con dos líderes que participan de los talleres de formación y campamentos de verano, Juan Ignacio Clavera y Manuel Guigou.
El entorno natural que combina playa y arboleda aporta un plus identitario a los campamentos del Parque, aunque, tal como dice su directora, lo más importante radica en que “son una experiencia transformadora, cada campamento es una instancia educativa donde se desarrolla un proceso personal y grupal que es muy difícil describir por toda la experiencia que aportan”. Agrega: “Es un ensayo para la vida en sociedad. Un lugar para ser y hacer comunidad, donde la convivencia es un factor fundamental y los roles se transforman, cambian, se invierten y se fomenta la autogestión, la autonomía y se fortalece la autoestima”.
Desde 1935, el Parque se consolida como un espacio que cuida y celebra la vida y busca potenciar los espacios campamentiles como oportunidades para el desarrollo de espiritualidades desde un enfoque pedagógico y recreativo. En sintonía con su misión, Verónica enfatiza: “Queremos ser un lugar de pertenencia, seguro, donde cada persona pueda experimentar su fe creciendo libremente, siendo escuchada, respetando las particularidades y los tiempos individuales; donde cada participante pueda apropiarse de la propuesta pedagógica y del espacio. Además, que puedan ser desafiadas-os a tener un pensamiento crítico.”
“En el Parque creemos que la capacitación constante y la revisión de nuestras prácticas forman parte de nuestra mayor fortaleza”, dice la directora refiriéndose a los ciclos de talleres para adolescentes y jóvenes que se desarrollan año a año. Para cada período se planifican al menos cuatro encuentros, instancias que también se desarrollan en formato de campamento.
En este sentido, Verónica comparte: “Seguimos confiando en los campamentos como forma de transmitir el proyecto de Dios, de vida buena y abundante para todas las personas. La experiencia campamentil no se limita a las actividades que se desarrollan durante esos días, sino que constituye una forma concreta de compartir la fe, construir vínculos y experimentar la vida comunitaria”, y agrega: “La formación de líderes constituye, así, una de las apuestas centrales del Parque, entendida como un proceso continuo de aprendizaje, revisión y crecimiento compartido”.
Historias que se construyen en el Parque
Juani es parte del equipo coordinador de los talleres de formación desde hace dos años, aunque su experiencia en el Parque comenzó mucho antes, como acampante. Cuenta que: “Los ciclos de formación fueron de los pocos espacios que encontré durante mi adolescencia donde podía sentirme completamente cómodo siendo quien era. Creo que tener un espacio así en esa etapa de la vida tiene un valor enorme. Es un lugar donde podés probar, equivocarte y volver a intentar sin que cada error se convierta en una valoración sobre quién sos. Para mí, eso fue mucho más trascendente que aprender a coordinar un campamento”, comenta sobre cómo el Parque marcó su vida.
Desde su rol de coordinador, enfatiza: “Sostener los ciclos de formación también es una forma de cuidar las adolescencias. Hay una reciprocidad que para mí es muy linda: primero recibís algo que otras personas construyeron antes que vos y, con el tiempo, aparece el deseo de poner algo propio para que otras puedan recibirlo”.
Por su parte, Manu, líder y participante de los talleres desde hace años, comenta: “La importancia de los talleres no solo reside en poder aprender, compartir y debatir opiniones e ideas con otras personas, sino también en crear y fortalecer vínculos. La convivencia de toda una semana posibilita construir la confianza necesaria con quienes posiblemente estés haciendo campamentos a futuro”.
El desafío de lo que viene
La experiencia de quienes transitan por este Centro de Campamentos es diferente; por eso, la misión del Parque se redescubre poniendo en valor cada una de esas experiencias.
Juan Ignacio dice: “El Parque me cambió en una etapa importante de mi vida. Seguir formando parte es, en cierta forma, hacer posible que eso también pueda sucederle a alguien más. Y quizás ahí está una de las razones por las que, después de tantos años, seguimos eligiendo estar”.
Quizás, de alguna manera, eso busca ser el Parque: un lugar que contribuye a la vida buena y abundante de cada una y de todas las personas. En palabras de Verónica: “Un espacio para ser una comunidad de esperanza.
Hoy siento que esos años me formaron mucho como persona. Encontré una forma de desarrollar mi creatividad trabajando con otros y de cuestionarme cosas que antes daba por sentadas. Pude poner mi energía en construir algo que iba más allá de mí. Algo que después se convertía en un taller, en un campamento compartido o simplemente en un niño feliz de venir a pasar una semana al Parque. Y en ese camino aparecen personas y vínculos que hacen que uno siga eligiendo volver.