«Nada, sino una vasija de aceite»: reflexiones que dejó el Comunicampa 2026 

Inspirado en el relato de 2 Reyes 4:1-7, se llevó a cabo el segundo Comunicampa, realizado los días 20 y 21 de junio en el Parque 17 de Febrero, Fomento, Uruguay. El encuentro volvió a reunir a personas comprometidas con la tarea campamentil para compartir experiencias, profundizar en la lectura bíblica y reflexionar sobre los desafíos que hoy atraviesan las infancias, adolescencias y juventudes.

¿Dónde radica el milagro?

La reflexión bíblica, coordinada por Paula Fogel, Federico Plenc y algunos aportes de Paulo Siebra, partió del relato de la viuda y la vasija de aceite (2 Reyes 4:1-7), una historia marcada por el endeudamiento, la injusticia y la amenaza sobre la vida de los y las más vulnerables.

Desde allí surgió una pregunta que acompañó buena parte del fin de semana: ¿dónde radica realmente el milagro? «¿Está solamente en la multiplicación del aceite o también en esa red de vecinas y vecinos que se activa para cuidar la vida?», compartió Paula Fogel al recuperar una de las preguntas que se fue trabajando en los talleres.

Las conversaciones fueron tendiendo puentes con distintas realidades del presente: la desprotección de las infancias y adolescencias, el narcotráfico, la deserción educativa, los conflictos armados y las múltiples formas en que los sistemas siguen vulnerando derechos.

Para Federico Plenc, el texto invita a mirar el papel de las comunidades frente a esas realidades: «Tal vez el gran tema del relato sea pensar comunidades que resisten a un sistema injusto. ¿Cómo actúan hoy nuestras comunidades campamentiles frente a la desprotección de las infancias y adolescencias?».

Pequeñas resistencias

Una de las convicciones que atravesó el encuentro fue que los campamentos siguen siendo espacios donde se aprende otra manera de vivir: en comunidad, desde la solidaridad y el cuidado mutuo.

«Este Comunicampa me dejó pensando los campamentos como lugares de resistencia dentro de nuestra Iglesia, pero también frente a muchas cuestiones que suceden en la sociedad», expresó Julieta Curá, de la comunidad de Paraná.

Y agregó: «La construcción colectiva aparece como algo fundamental, porque eso no lo hacemos solas y solos, siempre es con otras-os».

También Leticia Giano, de la comunidad de Paysandú, destacó la profundidad del trabajo realizado: «Pudimos vivir el texto de una manera muy enriquecedora y desafiante, que deja preguntas para responder desde nuestro actuar como personas y como comunidades de fe».

La riqueza del encuentro

Además de la reflexión, quienes participaron coincidieron en destacar el valor del intercambio entre personas provenientes de comunidades muy diversas.

«Lo más rico es encontrarnos con personas que viven realidades y territorios distintos, pero que seguimos compartiendo el mismo proyecto de vida y de Iglesia», señaló Julieta.

En la misma línea, Sofía Cardozo –líder del Parque 17 de Febrero– destacó que «La riqueza más grande fue el intercambio y el aprendizaje entre unas y otras, generando un encuentro muy horizontal. Eso es lo más llamativo y lo que más nos enriquece».

La abundancia en lo pequeño

El Equipo Requinto –conformado por Myriam Sappé y Florencia Arias–, impulsor del Comunicampa, recordó que este espacio nació de la necesidad de generar un ámbito donde las comunidades campamentiles pudieran encontrarse, compartir experiencias y pensar juntas la tarea. En esta edición, además, la participación de Referentes Juveniles enriqueció el intercambio entre generaciones, territorios y formas de anunciar el Evangelio.

La realización del encuentro fue posible gracias al trabajo conjunto de muchas personas y equipos. La Secretaría Ejecutiva de Diaconía colaboró en la logística, mientras que el Parque 17 de Febrero recibió a las y los participantes y acompañó distintas propuestas lúdicas. A ello se sumó el compromiso de un equipo de cocina voluntario, que hizo posible un encuentro mayoritariamente autogestivo.

«Todo el fin de semana se respiró un aire de alegría por el encuentro y por la posibilidad de compartir y reflexionar sobre campamentos y encuentros con adolescentes y jóvenes, valorando los aportes de cada experiencia», expresó el Equipo Requinto al hacer el balance de esta segunda edición presencial.

Con satisfacción por el camino recorrido, el equipo manifestó también su deseo de que el Comunicampa continúe creciendo: «Nos vamos muy contentas por la concreción de este campamento y esperamos que pueda seguir replicándose de distintas formas y colores».

Como quedó expresado en el lema del encuentro, la pequeña vasija de aceite sigue siendo una imagen que interpela: aquello que parece escaso puede multiplicarse cuando una comunidad decide compartirlo. Quizá allí resida uno de los mayores aprendizajes del Comunicampa: descubrir que la esperanza también se construye desde lo sencillo, desde el encuentro y desde comunidades que siguen eligiendo cuidar la vida.

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