Mesa Valdense designa obrero laico para la atención pastoral en San Gustavo – La Paz

Brian Tron fue designado como obrero laico al Presbiterio Norte Argentino, especialmente a la comunidad de San Gustavo–La Paz, con residencia en López, Santa Fe. Compartimos aquí su testimonio sobre el recorrido dentro de la Iglesia, el camino que lo llevó a asumir esta responsabilidad y los desafíos que identifica en estos primeros pasos en la comunidad valdense entrerriana.

La designación fue formalizada con el culto de instalación que se llevó adelante el domingo 1 de marzo en el Templo de San Gustavo, que coincidió con la Fiesta de Gratitud comunitaria. Al respecto, Brian comenta: “Fue un momento muy emotivo, con mucha participación. La liturgia estuvo a cargo de la comunidad, mientras que yo compartí el mensaje bíblico y la reflexión. Además, fue un lindo gesto que estuviera el moderador Marcelo Nicolau acompañándonos en la celebración. Hubo un recibimiento muy lindo, tanto de parte de la Mesa como del consistorio.”

Al ser de comunidades vecinas del Presbiterio Norte Argentino, Brian conoce a la comunidad de San Gustavo- La Paz desde niño. “Con gran parte de la comunidad fuimos coincidiendo en diferentes actividades, sobre todo en los presbiterios, y se va generando una relación muy linda. De cualquier manera, entrar en la vida íntima de la comunidad implica una relación diferente”, comenta Brian reconociendo que ese es uno de los desafíos más importantes y más enriquecedores de esta etapa. 

Durante el culto, la presidenta del Consistorio, Nelda Eichhorn, compartió: “Agradecemos la compañía del moderador, Marcelo Nicolau, en esta celebración especial que para nosotros es más que significativa”, y continúa: “Estamos felices de recibir a Brian, y también a Carina, Olivia y Joaquín; le damos la bienvenidos como familia a la comunidad de la que van a ser parte a partir de hoy”. Además, hablándole al nuevo obrero laico de la comunidad, enfatizó: «Como comunidad te abrazamos, vamos a trabajar junto con vos, vamos a poner todo de nuestra parte, tenemos el compromiso de construir comunidad”.

Por otro lado, Jazmín Rodriguez, joven de la comunidad e integrante de la Coordinadora de la Actividad Juvenil (CAJ), sostuvo: “Hace mucho que no teníamos acompañamiento pastoral, por eso la llegada de Brian es muy significativa. La comunidad se adaptó a las circunstancias, y ahora vendrá un nuevo tiempo de adaptación, de cambios, de mirarnos y mirar el trabajo de los años anteriores para proyectar lo que viene con actividades y celebraciones. Creo que esta comunidad tiene muchos grupos y quizás falta algo de integración; en este sentido, Brian puede ser de gran colaboración para esto también.”

Un recorrido con mucha participación comunitaria e institucional

“Ser designado como obrero laico es muy significativo por toda mi historia dentro de la Iglesia. En el momento en que decidí estudiar teología, allá por el 1993, pensé que ese iba a ser mi futuro dentro de la Iglesia, pero con las idas y vueltas de la vida ese proyecto se vio frustrado”, comienza diciendo Brian en la charla con la Secretaría de Comunicaciones.

Durante esa etapa, cuenta que atravesó una crisis personal que lo llevó a alejarse de la vida eclesial, pero luego de un tiempo, y gracias a la cercanía con algunas personas, volvió a integrarse a la comunidad. Ese regreso implicó resignificar su lugar dentro de la comunidad: “Todo aquello que había proyectado o soñado se transformó en ser un miembro más de la Iglesia. Ya no estaba en mi proyecto de vida dedicarme al ministerio pastoral, de hecho, había comenzado el trabajo que mantengo hoy en día. Con el tiempo me fui comprometiendo con la vida comunitaria porque me di cuenta de que en el fondo, incluso en las crisis, siempre mantuve la certeza de que la fe no se pierde nunca. Me permití flaquear, desaparecer por un tiempo de la iglesia, pero volví porque la fe y ese sentimiento inexplicable me guiaron a involucrarme de nuevas maneras”, sostiene Brian.

Señala además que la vida comunitaria ofrece múltiples ámbitos donde comprometerse: desde la participación en consistorios, movimientos juveniles o campamentos, hasta instancias presbiteriales y sinodales, aunque quizás estos últimos requieren un conocimiento más profundo de la dinámica institucional.

En su caso, ese camino de participación fue largo y formativo. Uno de los momentos que considera más significativos en su crecimiento fue su participación durante cinco años en la Mesa Valdense: “Eso fue clave en mi crecimiento como miembro de Iglesia”, afirma, y reconoce que esa experiencia fue parte del proceso que lo llevó a aceptar la propuesta de asumir una función pastoral laica en la comunidad de San Gustavo– La Paz, algo que vive como un desafío grande y como un honor.

Una comunidad con historia y realidades diversas

La comunidad de San Gustavo – La Paz llevaba varios años sin una atención pastoral exclusiva, luego de que Juan Carlos Wagner terminara su mandato, aunque en los últimos años el acompañamiento se sostuvo a partir del equipo pastoral presbiterial.

En ese contexto, Brian recuerda que su experiencia más cercana con la comunidad fue una iniciativa compartida con su esposa Carina Tschopp surgida luego de una asamblea presbiterial. Esa actividad se planificó para Pentecostés pero se tuvo que modificar por cuestiones climáticas. En principio fue pensado como un momento descontracturado con un taller para jóvenes mayores y adultos-as y un culto con un bautismo y una confirmación. En ese momento, la comunidad le pidió que guiará toda la celebración. Sin dudas, ese fue un paso importante en el proceso que luego lo llevaría a aceptar esta nueva responsabilidad.

Respecto a lo que identifica como desafíos, menciona: “La comunidad tiene una característica particular: combina realidades urbanas y rurales. Cada grupo vive con ritmos y tiempos distintos. En la ciudad, muchas personas trabajan durante la semana y organizan su participación en función de esos horarios. En cambio, en las colonias rurales la vida está mucho más ligada al trabajo en el campo, y las distancias y el clima muchas veces condicionan la participación. A veces cae una lluvia el domingo y ya cambia todo.”, explica.

En cuanto a las líneas de trabajo, Brian señala que al igual que en toda la iglesia, el trabajo con las juventudes es importante. “Es algo que se tiene que consolidar y potenciar” dice y destaca el trabajo que en los últimos años se viene desarrollando a partir del proyecto Renacimiento y del equipo Requinto.

Por otro lado, su perspectiva de trabajo se centra en acompañar los procesos que vienen desarrollándose: “No hay grandes ambiciones en la planificación, porque cuando algo está funcionando lo importante es tratar de que funcione un poquito mejor. A partir de ese funcionamiento pueden surgir otras alternativas.”, agrega.

Un tiempo de aprendizaje

Al hablar de lo personal, Brian reconoce que este nuevo tiempo llega con sentimientos mezclados. “Como todo trabajo nuevo, hay más temores que certezas”, admite. Sin embargo, también siente tranquilidad por el acompañamiento de la comunidad y del consistorio.

También reconoce que el ministerio pastoral laico es una realidad que la Iglesia va asumiendo cada vez con mayor claridad. Al mismo tiempo, es consciente de la historia de  San Gustavo- La Paz, comunidad que a lo largo de los años ha aportado numerosas personas al trabajo eclesial, tanto en el ministerio pastoral como en espacios de responsabilidad institucional. 

Por eso vive esta designación con gratitud y con serenidad, y concluye: “Me siento halagado, tranquilo y pensando en ir creciendo en este tiempo”.

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