Memoria incómoda, juventudes en marcha.
Cada 14 de agosto, Uruguay recuerda al estudiante universitario, Líber Arce, que falleció tras ser baleado por la policía en una movilización estudiantil que reclamaba, entre otras cosas, mejores condiciones para estudiar y el boleto estudiantil. Desde entonces, su nombre y el de tantos otros y otras, quedaron ligados a la memoria de un movimiento estudiantil que continúa reivindicando su lucha y compromiso.
Recordar, volver a pasar por el corazón, no significa solamente mirar hacia atrás. La memoria es un ejercicio que nos ayuda a preguntarnos qué está pasando hoy en este sentido, porque no alcanza con que exista una institución educativa si no están dadas las condiciones materiales y simbólicas para permanecer en ella. La memoria no es una colección de fechas importantes: es una manera de reconocer las huellas de quienes caminaron antes y preguntarnos qué hacemos nosotros y nosotras con esa herencia.
El movimiento estudiantil continúa colocando en el centro de sus reivindicaciones la defensa de la educación pública, un presupuesto adecuado y una educación concebida no solamente como formación para el mercado laboral, sino como derecho y como herramienta de transformación social.
Actualmente, la Iglesia Valdense toma como uno de sus ejes principales el trabajo con jóvenes. Ha insistido en que no deben considerarse como el “futuro”, sino como parte de su presente. Esta perspectiva puede ayudarnos a mirar las luchas estudiantiles con otros ojos.
Escuchar a las juventudes no significa simplemente preguntarles qué actividades quieren hacer en nuestras comunidades; significa también escuchar qué mundo les preocupa, qué injusticias reconocen, qué futuro imaginan y contra qué formas de exclusión están dispuestas a luchar.
Hay allí una clave profundamente evangélica: acompañar para que otros y otras puedan desplegar su vida y sus capacidades con gozo, en red, celebrando. Una sociedad democrática necesita jóvenes capaces de preguntar, organizarse, disentir, proponer y soñar; una Iglesia que quiera anunciar esperanza no puede tener miedo de esas preguntas.
Emanuel Hernández