Después de años de trabajo junto al Equipo Requinto y las comunidades, el borrador de la Política Institucional para Adolescencias y Juventudes comienza a circular en distintos espacios de trabajo, de cara al Sínodo 2027. Su elaboración fue encomendada al Equipo Requinto y al Grupo de Acompañamiento por la Asamblea Sinodal 2026. Compartimos a continuación una producción colectiva de las áreas involucradas.
¿Cómo se cuenta un proceso?
Hay preguntas que acompañan a la Iglesia desde hace mucho tiempo, pero que en los últimos años se volvieron prioritarias. Una de ellas es cómo acompañar a sus adolescentes y jóvenes. La pandemia golpeó con fuerza al Movimiento Juvenil Valdense: durante dos años no pudo celebrar su asamblea anual, ese encuentro que hace más de seis décadas funciona como escuela de liderazgo y de formación en la fe. La preocupación por la brecha que eso podría abrir fue el punto de partida para esta nueva etapa.
Dar cuenta de este recorrido nos lleva a identificar hitos. Uno se da en el 2022 cuando Mesa Valdense presenta ante CEVAA el Proyecto Renacimiento, con la idea de fortalecer al Movimiento Juvenil, impulsar grupos de adolescentes y propiciar encuentros intergeneracionales y regionales. El próximo mojón fue en 2023 cuando se formó el Equipo Requinto. Grupo de trabajo que se dedicó durante tres años a acompañar a las comunidades en el desarrollo de sus actividades con adolescentes y jóvenes. Además de proponer acciones de formación, encuentro y celebración de la fe entre nuestras comunidades. A tres meses de la culminación de ese trabajo vemos que, con aciertos y errores, ese caminar dejó muchas huellas. Ya más cerca en el tiempo, en 2025, la Asamblea Sinodal creó el Grupo de Acompañamiento al Requinto, y desde ahí es que viene este borrador de política institucional.
Este proceso mostró dos cosas. Por un lado, que se puede: que hay energía, que hay juventudes dispuestas a participar y comunidades que quieren acompañar; y por otro: que la continuidad no puede depender de lo que dure un proyecto de financiamiento.
Estamos en un momento bisagra. La propuesta de una política institucional busca ser una respuesta frente a esta coyuntura, con la certeza de que necesitamos que lo aprendido en este camino no quede librado al azar ni a la buena voluntad de quienes hoy lo sostienen.
En este sentido, Cristina Servetto, integrante del Grupo de Acompañamiento, señaló: «En lo particular creo que hoy somos mucho más conscientes de la necesidad de contar con una política institucional, con líneas de trabajo claras. No alcanza solamente con generar actividades para adolescentes y jóvenes, sino que necesitamos revisar qué espacios de participación le ofrecemos, cómo construimos las relaciones entre las diferentes generaciones y qué lugar tienen esas decisiones en nuestra Iglesia».
El Grupo de Acompañamiento: pensar colectivamente
Esta propuesta de Política Institucional para Adolescencias y Juventudes fue producida hasta la primera mitad del corriente año por un equipo integrado por representantes de todos los Presbiterios, la Coordinadora de la Actividad Juvenil (CAJ) y el Equipo Requinto. Durante 2025 y 2026 nos reunimos todos los meses para mirar el conjunto del proceso, construir un diagnóstico que reconoce las diferencias entre territorios y recoge los aportes que las comunidades hicieron del proceso a través de los diálogos presbiterales.
«Como equipo venimos trabajando con las diferentes realidades de nuestros presbiterios y comunidades. Eso nos permite ver que partimos de diferentes posibilidades y recorridos en el trabajo con adolescentes y jóvenes, por eso no buscamos una forma única de hacer las cosas. Queremos construir acuerdos que nos permitan acompañar las diferentes realidades. Nuestro gran desafío es reconocer estas diferencias sin perder de vista que es una responsabilidad compartida. Para eso necesitamos que todos los Presbiterios, más allá de sus representantes, estén involucrados, que puedan aportar sus experiencias y que se sientan parte de lo que estamos construyendo», agregó Cristina.
De qué va la propuesta
Luego de diversas conversaciones, decidimos cambiar la perspectiva: dejar de preguntarnos «¿por qué no hay jóvenes en la iglesia?» para reflexionar sinceramente en torno a «¿cómo habilitamos espacios con adolescentes y jóvenes?». Es un cambio de dirección que interpela no solo a las juventudes sino a la Iglesia entera porque hacernos esa pregunta lleva, inevitablemente, a la comunidad a reflexionar sobre sí misma, sus lenguajes y su disposición a transformarse.
El borrador de política propone mirar a adolescentes y jóvenes como parte del presente de la Iglesia y no como el futuro; pensar la comunidad como un espacio intergeneracional donde todas las edades enseñan y aprenden; reconocer la diversidad de realidades en lugar de imponer un modelo único; ampliar la participación real en las decisiones, y sostener el cuidado como una dimensión de toda la vida comunitaria.
«Como representantes del Movimiento Juvenil, desde la Coordinadora, estamos muy agradecidos-as y contentos-as de poder participar en este proceso. Consideramos que es una instancia muy valiosa, no solo porque busca construir una política pensada para las adolescencias y juventudes, sino también porque reconoce la importancia de que sean las y los propios jóvenes quienes participen activamente en su elaboración. Entendemos al Movimiento Juvenil como un núcleo fundamental de encuentro, participación y crecimiento de las juventudes dentro de la Iglesia, y valoramos que este proceso contribuya a fortalecerlo, respetando su autonomía y promoviendo el acompañamiento mutuo» expresó Lautaro Wagner, integrante de la CAJ.
Desafíos de cara a nuestra próxima asamblea sinodal
Esta política todavía no está cerrada, esa es justamente la idea. El borrador está circulando para que las comunidades lo lean, lo discutan y lo transformen en el espacio de conversación que requiere un proceso de estas magnitudes. No sabemos si va a funcionar tal como lo imaginamos, pero tenemos la certeza de que hay que intentarlo. Tener una política institucional es, ante todo, priorizar, elegir con claridad qué procesos podemos sostener institucionalmente. Por eso la invitación es a pensarlo en comunidad: en consistorios, grupos de jóvenes, escuelas bíblicas, espacios intergeneracionales, con adolescentes y jóvenes.
«Para nuestro equipo es muy importante que podamos generar estas instancias de charla en torno al borrador que enviamos. No es tiempo de tomar posicionamiento o una postura definitiva. Estamos caminando en un proceso que requiere de nuestras experiencias comunitarias, de las preguntas que nos estamos haciendo en este presente, que no es cualquier otro por la complejidad en la que nos sitúa como humanidad toda. Creemos que este diálogo intergeneracional, que ya se está dando, puede materializarse en un proyecto institucional amplio y flexible para acompañar y fortalecer los espacios de encuentro de adolescentes y jóvenes en nuestra Iglesia» concluyó Mariano Chialva, miembro del Grupo de Acompañamiento.