Requinto: el cierre de una etapa y la continuidad de los procesos juveniles

En julio culminará su trabajo el Equipo Requinto, que fue el brazo ejecutivo del Proyecto Renacimiento, cuyos objetivos son fortalecer el movimiento juvenil valdense y gestionar, motivar y ayudar a las comunidades en la creación y mantenimiento de grupos estables de trabajo con adolescentes y jóvenes. 

Con la intención de hacer un balance del camino recorrido hasta aquí, conversamos con el moderador, Marcelo Nicolau, y las integrantes del Equipo Requinto: Florencia Arias y Myriam Sappé.

El moderador comenta que hay muchos procesos iniciados vinculados al acompañamiento a adolescentes y jóvenes, algunos con lazos comunitarios más claros, pero con mucha diversidad y, por ende, con gran riqueza. «El tiempo que viene será un desafío justamente para todo el movimiento juvenil ya que no se contará más con el brazo ejecutivo que constituyó Requinto todo este tiempo. Creo que podremos ver en breve una de las consecuencias benéficas que el trabajo de Requinto deja en la organización juvenil rioplatense: la conformación de referentes juveniles, que articulen iniciativas, propuestas y actividades con todos los actores juveniles y las comunidades y presbiterios.”, expresó.

Desde el Equipo Requinto expresan que si bien al inicio del proyecto costó identificar su rol, su trabajo terminó siendo entendido como fundamental para aceitar los engranaje del trabajo con jóvenes y adolescentes.» En este sentido, comentan: “Invitamos al encuentro y al intercambio entre personas de diversas comunidades, de uno y otro lado del charco, para que el análisis y forma de abordarlo sea en conjunto. No fuimos solo nosotras quienes nos pusimos a pensar en la juventud, sino que habilitamos espacios para que otras personas también lo hagan.”

“No creo en la inocuidad de las acciones. Siempre hay efectos. Cualquier cosa que se haga tiene efectos, a veces incluso molesta. Esto hay que verlo como oportunidad. No se crece ni se genera nada si no se hace nada. El proyecto Renacimiento no se cumplió en su totalidad, pero en cambio se generaron movimientos, acciones e iniciativas que no estaban en los planes. Eso hay que valorarlo. Creo que mucho tiene que ver con los dones de las personas, que se enamoran de algo y lo siguen y lo profundizan de un modo intenso. Es hermoso ver ese ardor juvenil.”, agrega Marcelo.

En la misma línea, Florencia y Myriam sostienen: “Desde el principio, tuvimos muy en claro la importancia de cómo posicionarnos en relación con las formas clásicas que ha tenido la iglesia para con las juventudes; una idea que no se remite al presente, sino que se basa en el tener que ser y hacer de esa juventud de cara al sostenimiento futuro de una iglesia que responde, quizás, a otras necesidades”, y suman: “Es una gran alegría saber que se está transformando la forma de abordar el tema y se han habilitado muchas instancias de diálogo intergeneracional. Si en un primer momento la percepción es que no existían jóvenes en los espacios de la Iglesia, y se sentía esa ausencia como una falta para sostener la Iglesia en el futuro, sentimos que hoy ese análisis está enfocando más en cómo acompañar esas juventudes desde la adultez, en qué recursos y espacios son necesarios para que puedan sentirse parte y ser protagonistas a la par en los diferentes espacios de la iglesia.”

Los desafíos pasados y los que quedan

“¡Todo el proceso fue un tremendo desafío! Los inicios no fueron sencillos; el proyecto apareció sin funciones o formas de trabajo claras, abierto a la creatividad y exploración. Se fue construyendo a medida que se iban identificando las necesidades, y sentimos que en este último año y medio se empezaron a ver los resultados.” comentan las integrantes de Requinto.

A raíz de esta experiencia de trabajo, también invitan a mirar hacia adentro, respecto al funcionamiento institucional y a las altas expectativas que hay sobre algunos roles que a veces no se corresponden con las condiciones laborales: “vivenciamos momentos de incertidumbre, que hemos asociado entre otras cosas a la falta de claridad en la situación laboral, algunas gestiones desprolijas y la falta de confianza.”

Sin embargo, valoran las alianzas estratégicas para sortear todos los desafíos que fueron parte del proceso. “Estamos muy agradecidas con la Secretaría de Comunicaciones, con el Grupo de Acompañamiento por su apoyo constante para generar el suficiente movimiento para que la conversación sobre lo juvenil no quedara al fondo de la lista y se pusieran en jaque varias interpretaciones de por qué queremos jóvenes en la iglesia.”, y agregan: “Es un camino que continúa y las discusiones tienen que seguir vigentes. Nos vamos muy contentas con este proceso, ¡y a seguir!”

Por su parte, el moderador concluye diciendo: “Tal vez el aprendizaje más importante es que todo el movimiento juvenil necesita anclarse firmemente en la vida de las comunidades y regiones, por eso el enfoque de intergeneracionalidad que hemos tenido estos años es fundamental. Quedan pendientes importantes desafíos, hay que fortalecer los vínculos y un proceso de maduración comunitaria donde el tema juventud sea primordial para todos y todas.”

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