Nuestra voz, nuestra identidad, nuestra fuerza

El 5 de septiembre, en Villa Río Bermejito, Chaco, se llevó a cabo el Encuentro de mujeres indígenas bajo el lema “Nuestra voz, nuestra identidad, nuestra fuerza”. La jornada fue organizada por el CONDUDII en el marco del Día Internacional de la Mujer Indígena, y reunió durante todo el día a personas de distintas comunidades, que se encontraron para compartir un momento de diálogo, reflexión y fortalecimiento de la identidad, la cultura y los saberes ancestrales. 

Una delegación de la Iglesia Evangélica Valdense del Río de la Plata (IEVRP) participó de esta experiencia que, entre conversaciones, cantos, danzas, artesanías, comidas, mates y reflexión, se convirtió en una oportunidad para escuchar, aprender y dejarse interpelar por otras formas de comprender la vida, la comunidad y la fe. El recorrido incluyó además una visita a El Colchón, donde la Iglesia Valdense sostiene desde hace años un trabajo de acompañamiento, reflexión y formación bíblico-teológica con la comunidad Qom. A continuación compartimos sentires de quienes participaron por la IEVRP:

María Laura Tolú, delegada valdense en el CONDUDII, destaca: “Escuchar distintas voces en diferentes idiomas entrelazadas por la misma fe conmovió nuestro corazón. Compartimos hermosas charlas a la sombra de algarrobos y quebrachos, perfumadas por el aroma del septiembre chaqueño. Lugar mágico si los hay. Doy gracias a Dios por quienes se animan a esta aventura de vivir una fe intercultural que dialoga con corazón abierto y confianza en la guía de Dios.”

Para la coordinadora territorial en Argentina de la Secretaría Ejecutiva de la Diaconía Valdense (SEDiV), Melina Wagner, los días compartidos fueron una oportunidad para comprender otras formas de relacionarse: “Hemos tenido momentos en donde fuimos los extranjeras y extranjeros en esas tierras de polvo, viento y aromas a naturaleza; pero también somos iguales. Nos conocemos y reconocemos para seguir construyendo juntas-os un mundo para todas-os, con acceso a la tierra y a una vida buena y abundante; respetando las tradiciones, las costumbres y las diversas culturas. La fe en Dios, es la misma”. 

Una experiencia que interpela 

En este camino, Yanina Vigna, integrante de la comunidad de Flores y obrera laica, pone el foco en quienes, desde hace años, sostienen el acompañamiento y el fortalecimiento de las comunidades: ”Ser testigos de estas experiencias de acompañamiento y fortalecimiento de las comunidades es muy inspirador. Es imposible quedar indiferente ante los testimonios y el compromiso de tantas personas que apuestan a la construcción de un mundo más justo”. 

Por su parte, Candela Malán, integrante de la Coordinadora de la Actividad Juvenil (CAJ), comparte: “Este viaje fue una experiencia hermosa. Uno de los desafíos más lindos fue estar con la mente siempre abierta, dispuestas-os a recibir lo que nos compartían sobre sus vidas, experiencias, formas de hacer y ser. Ir y recibir, sin imponer, solo escuchar y aprender de su cultura”.

En palabras de Rebeca Huanto, teóloga aymara: “Este encuentro fue mucho más que un viaje, fue un recordatorio de por qué estos espacios son tan necesarios. Vivimos algo muy potente: mujeres hablando en su propia lengua, sus bailes, sus artesanías hechas con lo que da el monte, la comida hecha en el fogón y la sabiduría de la anciana que alentaba a las jóvenes. Es la cultura viva, resistiendo y transmitiéndose. Y también escuchamos realidades duras, como la charla de la doctora sobre las adolescencias en los pueblos originarios que nos mostró que estos encuentros no son solo folclore, son espacios de cuidado, denuncia y esperanza”. 

Una mirada que se transforma 

La experiencia también abrió preguntas sobre la propia mirada y los modos en que nos acercamos a otras personas y comunidades. Karen Barrault, integrante de la comunidad de Flores, señala: “No somos inocentes ni objetivas cuando nos acercamos a algo; previamente llegamos con una historia, conocimientos, sueños, ideales, expectativas y demás; pero lo lindo e interesante de volver a este lugar es que te sigue demostrando la importancia de la escucha, el respeto y el intercambio genuino. Esto nos invita a abrir constantemente nuestra forma de mirar, ir mutando nuestros sesgos y cuestionar y reflexionar sobre la forma de pensar nuestras vidas y vínculos con todo lo que nos rodea.”

Para Cecilia Giano, integrante de la comunidad de Paysandú, acercarse a esta experiencia significó, ante todo, asumir una actitud de escucha: “Para mí fue un privilegio haber podido participar de la jornada del día internacional de la mujer indígena. Con alegría me sumé a conocer e intercambiar, aprender a escuchar como forma de respetar una cultura diferente y sentir que somos hermanas y hermanos. Agradezco la invitación, los vínculos que se fortalecen y los nuevos que comienzan. Gratitud plena porque siento que hay esperanza”. 

JIKISIÑKAMA
Saludo aymara: Hasta que nos volvamos a encontrar.

Publicado en Noticias.

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