Un mojón de memoria valdense en Florida

El monolito que recuerda la llegada de 1857 fue trasladado a un espacio de acceso público 

Después de 169 años de la llegada de los primeros valdenses a Florida, la comunidad volvió a reunirse en el lugar que guarda parte de esa historia. El sábado 15 de agosto, en las proximidades del paraje La Macana, se realizó la relocalización del monolito en una jornada que convocó a autoridades, familias vecinas y descendientes de los primeros inmigrantes y personas de las comunidades valdenses de distintos puntos de Uruguay.

El encuentro, que coincidió con el Día de la Fraternidad Valdense, fue una oportunidad para recuperar una memoria que sigue viva y que se transmite de generación en generación. El monolito, ahora en una nueva ubicación, vuelve a señalar en el territorio una parte de la historia valdense en Florida. Luego del acto protocolar, las y los participantes, compartieron un almuerzo comunitario.

 

“El viento sopla donde quiere”, palabras de Oscar Geymonat

“El viento sopla donde quiere«, dice Juan. El Espíritu también sopla donde quiere, como el viento: no nos pertenece y no sabemos de dónde viene ni adónde va.

Hace no más de cuatro años visité por primera vez Florida y la estela que recuerda el establecimiento, efímero, de la primera población valdense en Uruguay, en el paraje La Macana. Es, como señaló el moderador Marcelo Nicolau este 15 de agosto: “un mojón de memoria”. Fue colocado cien años después de aquella problemática llegada, en tiempos de intolerancia política y religiosa que obligaron a los primeros valdenses a abandonar aquel intento.

En aquella primera visita, un compañero del Instituto de Profesores Artigas, profesor de Literatura y ateo confeso, me acompañó hasta la estela. Quedó prendado de aquella historia y me sugirió la idea de trasladarla del campo privado donde permanecía. Fue señal de “fidelidad”, otro de los conceptos que remarcó el moderador. La memoria de otro también debe ser respetada.

Los objetos como este no valen por el material del que están hechos, sino por lo que pedagógicamente representan. No es una piedra labrada: es un trozo de historia viva. El futuro se alimenta de la memoria.

El Espíritu siguió soplando donde quiso. El director del Museo Histórico de Florida, profesor Guillermo Montaño, asumió la tarea con un compromiso sorprendente; los medios difundieron la iniciativa; la Intendencia puso manos y recursos a la obra, y personas valdenses comenzamos a reunirnos en lo que hoy es una pequeña comunidad de fe. Esa memoria alentó un presente y nos recuerda que caminamos rodeados de esa inmensa nube de testigos que nos ha precedido.

El texto de la carta a los Hebreos parece haber sido escrito para este 15 de agosto. ¡A cuántos más ha alimentado! ¿Fuimos 200 personas?, ¿algunas más?, ¿algunas menos? Soy malísimo en esos cálculos, pero las 150 sillas del salón de la Asociación de Productores de Leche no fueron suficientes a la hora del almuerzo. Ninguna incomodidad nos causó. Son bienvenidos los problemas cuando la realidad supera las expectativas. Lo cierto es que llegaron de muchas comunidades valdenses del país, junto a amigos de la zona y otros que comenzaron a serlo ese día.

Ahora la estela conmemorativa está en un lugar de acceso público. Quizás alguien pase por allí, pregunte qué es, se acerque a mirar y descubra una historia que también es suya. No lo sé. El viento sopla de donde quiere.

No es el final de un camino, sino un tramo de la carrera. Lo nuestro es andarlo con la seguridad de que nunca caminamos solos: su vara y su cayado nos infundirán aliento, muchas veces de maneras que no imaginamos. Al fin y al cabo, el viento sopla de donde quiere.

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