Desde la Secretaría de Comunicaciones nos pusimos en contacto con el pastor Sergio Bertinat, quien está participando del Sínodo del área italiana, para que nos comparta sus percepciones. Al comenzar la jornada asamblearia del martes 25 de agosto nos decía esto:
Estamos bastante habituados y habituadas a repetir esta frase que nos define como Iglesia Evangélica Valdense. Somos una sola iglesia que funciona en dos áreas: la italiana y la rioplatense. Por tanto, hay dos sínodos, que en cada área van definiendo el rumbo de la vida de fe y testimonio evangélico en los diferentes lugares.
Hoy, participando por primera vez de este Sínodo, comparto una mirada en perspectiva al nuestro, del cual he participado en muchos, y presidido varios.
Un lugar común: el calor. Tanto allá como aquí se hace en verano, y el calor es un elemento que está ahí, creo que distorsionando bastante las posibilidades de pensar y reflexionar juntos-as. Otro lugar común es que en general queremos tratar más temas que los que son posibles en los días que hemos decidido sesionar. Finalmente, este combo de agenda sobrecargada y calor produce cansancio, agotamiento y quita claridad de pensamiento.
Claramente son dos sínodos bien diferentes, tanto en las formas como en el contenido. En el sínodo italiano siempre se sesiona en plenario. La temática la propone la Comisión de Examen, ya que sobre su despacho se trabajan los temas y surgen las propuestas de actos a considerar. Además, tiene poder durante la Asamblea para incorporar nuevas ideas a una propuesta de acto si le parece correcta, o desecharla si no está de acuerdo. El acto que se propone a votación es siempre iniciativa de esta Comisión.
Sobre el contenido me gustaría decir dos cosas. Por un lado, en relación a la vida de las iglesias, hay temas y búsquedas similares a las nuestras: disminución del cuerpo pastoral, falta de nuevos-as estudiantes, necesidad de avanzar en la definición de nuevos ministerios y, en el fondo, empezar a transitar el cambio de un modelo parroquial de ser iglesia a uno más dinámico y adaptativo a los tiempos que corren; también está en debate la idea de trabajo en equipos pastorales regionales, en la búsqueda de optimizar los recursos pastorales, como también de acercar comunidades y potenciar su testimonio más allá de los límites de un territorio.
Finalmente, algunas distinciones del sínodo italiano que me parecen un gran potencial: tienen una clara conciencia del rol que ocupan en la sociedad; si bien son conscientes de ser una minoría, su presencia por todo el país hace que sus acciones, posturas, propuestas no pasen desapercibidas, ni siquiera para el catolicismo dominante.
Otro valor es poder hablar de procurar la justicia, trabajar por la paz, y amar al prójimo con la clara convicción de que se trata de valores evangélicos promovidos por Jesús, y no ideologías cada vez más pasajeras. Una clara diferencia con nosotros y nosotras que solemos confundirnos muy frecuentemente y con ello perdemos o relativizamos los valores fundamentales de la teología protestante. Sospecho que la diferencia se debe a que en el área italiana hay un proceso de formación en las y los miembros de la Iglesia, que nosotras-os en el Río de la Plata deberemos recuperar.
Una aclaración final: es una mirada rápida, en medio de un Sínodo al que le faltan todavía dos días de trabajo.
Sergio Bertinat